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AMOR A MI

FACILITADOR


Por Sebastián Wernicke

 


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Hace tiempo que en mi cabeza vengo gestando planes para formarme profesionalmente y poder en unos años ofrecerle a mi facilitador un lugar en mi departamento, para que no tuviera que seguir pagando alquiler y de paso poder estar más cerca de él. Pero el otro día nos dijo en el grupo que este año va a tener muchos viajes y que sólo podría darnos clases después de cada viaje, y en respuesta a una pregunta de alguien del grupo, nos dijo también que por su dedicación completa a la expansión de estas enseñanzas, él no podría tener una pareja estable. ¡Dios! ¿Se imaginan? ¡Mi mundito se me cayó a pedazos! De repente perdía a mi facilitador, mi papá, el hermano mayor que siempre quise tener, mi mejor amigo, mi héroe, el chico que me gusta, el hombre al que amo y la persona con quien quería compartir mi vida. Al fin y al cabo eran solo sueños locos, castillos en las nubes, porque si bien hubiera podido llegar a realizar lo que de mí dependía, faltaba lo más importante: mi facilitador. Llegué a mi casa deshecho, lloré y gracias al Padre me calmé lo suficiente para hacer mis visualizaciones, mis decretos y leer mi librito, pero a la mañana siguiente me sentía pésimo y me tuve que salir de la escuela, salí a caminar y llorar por más de una hora y me di cuenta de que todos mis deseos y todas mis ilusiones jamás se cumplirían. Pensé en mi Padre y me di cuenta de lo pequeñito que era, que mi dolor no era nada dentro de la infinita inmensidad, que yo no tenía ningún derecho de nada y de pronto me encontré volando en una incomprensible paz. Al compartir lo me estaba pasando con el facilitador de mi facilitador, me dijo que lo que yo quería era un amante, y es completamente comprensible después de lo que yo le había escrito, pero no estoy seguro que sea eso lo que siento, ya que es algo difícil de definir. Y luego, un día después del día del amor, entre nervios e indecisión, le dije por fin a mi facilitador que lo amaba, y me dijo que él ya había tenido que lidiar con estas mismas energías y me abrazó. Me explicó que el amor que nos une no es como el de una pareja, sino un amor del corazón que es para siempre. Se me quitó un enorme peso de encima. Al fin se esfumó lo que me había aprisionado toda mi vida: la soledad, que era la razón de todo el dolor que había sentido desde pequeñito. Yo no sé qué hace un niño de 7 años preocupándose por estar solo, pero desde entonces me agobiaba ese sentimiento y es la razón por la que me metía en situaciones en las que corría peligro. Pero es precisamente ahora, cuando aparentemente más solo estoy, y parece que tengo problemas, que me siento tan acompañado, siento una paz de fondo incomprensible, que no correspondería con lo de afuera. ¡Me siento Libre! Y aunque no tiene nada de lógica todo esto, estoy perfectamente consciente de lo que está pasando y doy mil gracias por eso.

Respuesta: Me hace muy feliz saber que en ti hay paz, y que en última instancia puedes darte cuenta de la batalla que hay entre los deseos e ilusiones que uno tiene y lo que nuestra Amada Presencia Yo Soy tiene planeado para nosotros, que siempre es lo único que nos hará felices. Uno puede llorar, sufrir y reclamar porque los sueños no se hacen realidad, pero si no pierde la cordura y se entrega a Dios, como lo hiciste en tus largas caminatas, entonces tu Amada Presencia Yo Soy puede reconfortarte y transmitirte esa paz y armonía que sientes de saber que todo está bien como está, que estamos aprendiendo y creciendo, en la expansión de nuestra conciencia, y al liberarnos internamente de todas las energía que nos apresan, luego viene la liberación externa, como por arte de magia. No tiene sentido calificar las cosas, y mucho menos una relación, pero eso que sientes hacia tu facilitador, despejado de deseos personales e ilusiones, él también lo siente hacia ti, y como facilitador seguramente estará inmensamente agradecido al Padre por haberle dado la oportunidad en esta encarnación de ponerte a su cuidado en tus primeros pasos en el sendero, y que a la vez él cuente con tu preciosa compañía y cariño. Cuando ya estés fuerte y seguro de ti mismo, no necesitarás ninguna otra guía externa, sino la Luz de tu Amada Presencia Yo Soy, pero incluso entonces, seguirás junto a tu facilitador en el trabajo de la Luz, ya que los lazos que los unen en esta bendita misión, como él mismo te dijo, son lazos eternos. Podrás tener todos los amantes y parejas que desees, y si los necesitas en este momento de tu vida, tenlos, ese amor es hormonal, pero nada se compara al amor que se teje en el trabajo de la Luz.

En las antiguas escuelas de oriente, el discípulo se iba a vivir junto a su maestro en su ashram, en su propia casa, donde también vivían todos los discípulos del maestro, tal como todos los discípulos de Jesús vivían, comían y dormían juntos con su maestro. Así podían estar toda una vida bajo el aura personal del maestro, sostenidos en el servicio por el inmenso amor que desarrollaban hacia él. Es éste el amor que está floreciendo en ti, pero ahora, en la nueva era, ya no hay ashrams ni maestros, solamente facilitadores que recorren el mundo sin descanso expandiendo la Luz.

Esto me recuerda a Juan al Amado junto a Jesús, o en la “Guerra de las Galaxias”, el joven Anakin junto a Obi Wan Kenobi, o éste último junto a su propio maestro jedi. Es la misma relación de Gandalf con Frodo en “El Señor de los Anillos”. Tienes muchas aventuras por delante junto a tu facilitador, pero estás ahora en tu primera etapa de entrenamiento interno, bajo la Luz de tu Amada Presencia Yo Soy y la compasiva supervisión de los Maestros. Que Ellos sean siempre tu única Luz y Guía, y aquí en la tierra, contarás siempre con tu facilitador incondicionalmente.