CONFLICTO
KRISHNAMURTI
¿Es posible que no haya conflicto alguno en la relación? Nosotros vivimos en conflicto de la mañana a la noche. ¿Por qué? ¿Forma ello parte de nuestra naturaleza? ¿O forma parte de nuestra tradición, de nuestra religión? Cada cual tiene una imagen de sí mismo; él tiene una imagen de sí mismo, y ella tiene la suya propia y muchas otras imágenes su ambición, su deseo de ser una cosa u otra. Y también él tiene sus ambiciones, su afán de competir. Ambos corren paralelos, como dos vías férreas que nunca se encuentran, excepto quizás en la cama, pero jamás se encuentran en ningún otro nivel. ¡Qué tragedia se ha vuelto eso!Hemos vivido en conflicto por miles y miles de años, sometiéndonos, obedeciendo, imitando, repitiendo, de tal manera que nuestras mentes se han vuelto extraordinariamente torpes; nos hemos convertido en personas de segunda mano, siempre citando a algún otro, lo que el otro dijo o no dijo. Hemos perdido la capacidad, la energía para aprender de nuestras propias acciones.
Si no hay división, no hay conflicto. Dondequiera que haya división, tiene que haber conflicto; ésa es una ley. ¿Hay, pues, una división en nosotros, como la que existe entre el observador y lo observado? Si el observador aborda el temor, la codicia o el dolor como si lo que tiene que resolver, suprimir, comprender o trascender, fuera algo diferente de él mismo, entonces intervienen en ello la división y todo el esfuerzo y la lucha consiguiente.
Los seres humanos han vivido durante milenios en esta hermosa tierra, con todos los inmensos tesoros que contiene sus montañas, sus ríos y lagos; y no obstante, hemos estado viviendo en perpetuo conflicto. No sólo en conflicto externo con el medio, con la naturaleza, con el prójimo, sino también internamente, ‘espiritualmente’ como suele decirse. Y aún seguimos en constante conflicto, nos hemos acostumbrado a él, lo toleramos. Encontramos múltiples razones para justificar por qué debemos vivir en conflicto; pensamos que el conflicto, la lucha, el eterno batallar implican progreso avance externo o logro interno hacia la meta más alta. Hay tantas formas de conflicto: el hombre que lucha para obtener algún resultado, el hombre que lucha con la naturaleza tratando de conquistarla, etc.
Es necesario e importante descubrir si podemos vivir sin ningún conflicto en nuestra vida, tanto interna como externamente. Debemos preguntarnos por qué, después de todos estos milenios, los seres humanos no han resuelto el problema del conflicto en sí mismos y en la relación de unos con otros. Esta es una pregunta muy importante que debemos formularnos: ¿Por qué nos rendimos y sucumbimos ante el conflicto que implica la lucha por llegar a ser o no llegar a ser algo o alguien, la lucha para obtener un resultado, para alcanzar progreso personal, éxito personal, para satisfacer algunos de nuestros deseos, el conflicto de la guerra, de los preparativos para la guerra de los cuales puede que no estén ustedes conscientes? Está el conflicto entre hombre y mujer, tanto sexualmente como en sus relaciones cotidianas. Por lo visto, este conflicto se desarrolla no sólo en el nivel consciente, sino también en lo profundo, en los propios escondrijos de la psiquis.
Hay conflicto en la presunción, en tratar de ser algo que uno no es, y está el conflicto que existe en tratar de alcanzar el cielo, de llegar a Dios o como gusten llamar a esa cosa que adoran y a la que rinden culto; hay conflicto en la meditación, en esforzarse por meditar, en luchar contra la apatía, la indolencia. Nuestra vida, desde el principio mismo, desde el momento en que nacemos hasta que morimos, es un conflicto perpetuo.
Tenemos que descubrir juntos por qué el hombre, cada uno de nosotros como ser humano que representa a todo el mundo, ha tolerado el conflicto, lo ha soportado y se ha habituado a él. Estamos considerando juntos muy seriamente si es posible estar por completo libres de todo conflicto; porque el conflicto, sea consciente o inconscientemente, produce por fuerza una sociedad que es una extensión de nosotros mismos, una sociedad en conflicto. La sociedad no es una abstracción, no es una idea; la sociedad es la relación entre hombre y hombre. Si esa relación está en conflicto, si implica sufrimiento, depresión y ansiedad, entonces creamos una sociedad que nos representa. Este es un hecho. La idea de sociedad, la idea, no es la sociedad real. La sociedad es lo que somos el uno con respecto al otro. Y la pregunta que nos formulamos es: ¿Puede alguna vez llegar a su fin este conflicto?
¿Qué es el conflicto? Cuando no aceptamos los hechos, lo que realmente es, cuando escapamos hacia algo llamado un ideal el opuesto de ‘lo que es’ entonces el conflicto es inevitable. Cuando uno es incapaz de mirar y observar lo que realmente está haciendo y pensando, entonces evade lo que es y proyecta un ideal; en consecuencia, hay conflicto entre ‘lo que es’ y ‘lo que debería ser’.
No estoy hablando para mi propia satisfacción sino para comunicarles, si son ustedes serios, que existe una manera de vivir en la que no hay ninguna clase de conflicto. Si se interesan en esto, si realmente les importa, si desean encontrar un modo de vivir en que no exista ese sentido de esfuerzo inútil, entonces, por favor, presten cuidadosa atención no a lo que dice quien les habla, sino al hecho, a la verdad de lo que se expresa, de modo que ello sea la propia observación de ustedes.
Decíamos que el conflicto existe cuando, haciendo caso omiso de lo que realmente ocurre, traducimos lo que ocurre en términos de un ideal de lo que ‘debería ser’ cuando transformamos el hecho en un concepto que hemos aceptado o que nosotros mismos hemos creado. Por lo tanto, cuando existe esta división entre ‘lo que es’ y ‘lo que debería ser’, tiene que haber conflicto, es inevitable. Esta es una ley no una ley de quien les habla, sino que es una ley. Vamos, pues, a investigar por qué los seres humanos nunca se han enfrentado a ‘lo que es’ y siempre han estado intentando escapar de ello.