CONCIENCIA
KRISHNAMURTI
En primer lugar consideremos lo que ha llegado a ser la conciencia humana, porque nuestra conciencia es lo que somos. Lo que ustedes piensan, lo que sienten, sus temores, sus placeres, sus ansiedades, la inseguridad que experimentan, la infelicidad, el abatimiento, el amor, el pesar, el sufrimiento y el miedo final a la muerte, son el contenido de la propia conciencia; ese contenido es lo que somos, es lo que hace de cada uno de nosotros el ser humano que es. A menos que comprendamos el contenido y vayamos más allá de ser eso posible - no seremos capaces de actuar seria, básica y fundamentalmente a fin de producir una transformación, una mutación en esta conciencia.Para descubrir cuál es la acción correcta, tenemos que comprender el contenido de nuestra conciencia. Si nuestra conciencia es confusa, insegura, si se halla bajo presión, empujada de un rincón a otro, de un estado a otro, entonces nos hallamos cada vez más confundidos, más y más llenos de incertidumbre, de inseguridad; y desde esa confusión no es posible actuar. Uno depende, entonces, de algún otro cosa que el hombre ha estado haciendo por miles de años.
Así que, en primer lugar, vamos a observar el contenido de nuestra conciencia.
¿El contenido de nuestra conciencia es, entonces, producido por el pensamiento, que ha llegado a adquirir tan extrema importancia en nuestras vidas? ¿Por qué el intelecto, la capacidad de inventar, de escribir, de pensar, se ha vuelto tan importante? ¿Por qué el afecto, el cariño, la simpatía, el amor, no han llegado a ser más importantes que el pensamiento?
Por lo tanto, primero tenemos que mirar nuestra conciencia, ver de qué está compuesta, cuál es su contenido. Debemos preguntarnos si ese contenido de la conciencia, con el que nosotros nos identificamos como individuos, es de hecho una conciencia individual. ¿O esta conciencia individual que cada uno de nosotros sostiene como separada de otras conciencias, no es individual en absoluto? ¿O es la conciencia de la humanidad?
Por favor, escuchen esto primero. Puede que disienten con ello totalmente. No lo rechacen, sólo observen. No es cuestión de ser tolerantes, la tolerancia es enemiga del amor. Solamente observen, sin ningún sentimiento de antagonismo, lo que estamos diciendo: la conciencia con la que nos hemos identificado como individuos, ¿es en absoluto individual? ¿O es la conciencia de la humanidad? O sea, que la conciencia con todo su contenido de angustia, remembranza, dolor, actitudes nacionalistas, creencias, cultos, etc., es invariable en todo el mundo. Dondequiera que uno vaya el hombre está sufriendo, compitiendo, luchando; está ansioso, lleno de incertidumbre, zozobra, desesperación, desaliento, creyendo en toda clase de supersticiosos disparates. Esto es común a toda la humanidad, ya sea en Asia, aquí o en Europa.
De modo que nuestra conciencia, con la que nos hemos identificado como nuestra conciencia ‘individual’, es una ilusión. Es la conciencia del resto de la humanidad. Uno es el mundo, y el mundo es cada uno de nosotros. Por favor, considérenlo, vean la seriedad que esto tiene, la responsabilidad que involucra. Toda la vida han luchado como individuos, como algo separado del resto de la humanidad; y cuando descubren que la conciencia de cada uno de ustedes es la conciencia del resto de la humanidad, ello significa que cada uno de ustedes es la humanidad, no un individuo separado. Uno puede tener su propia habilidad particular, su tendencia, su idiosincrasia, pero de hecho es el resto de la humanidad, porque su conciencia es la conciencia de todos los seres humanos. Esa conciencia es un producto del pensamiento, es el resultado de milenios y milenios de pensamiento.