DISCIPLINA
Krishnamurti

Antes de examinar el problema de la meditación debemos discutir, o compartir juntos quizás ésa sea la palabra correcta- la importancia de la disciplina. Muy pocos en el mundo somos disciplinados, disciplinados en el sentido de estar aprendiendo. La palabra ‘disciplina’ se deriva de la palabra discípulo, el discípulo cuya mente está aprendiendo no de una persona particular, o de un gurú, de un maestro, de un predicador, o por medio de los libros, sino que aprende a través de la observación de su propia mente, de su propio corazón; aprende de sus propias acciones. Y ese aprender requiere cierta disciplina, pero no el amoldamiento que, se sobreentiende exigen casi todas las disciplinas. Donde hay amoldamiento, obediencia e imitación, nunca existe el acto de aprender hay meramente seguimiento. La disciplina implica aprender, aprender de la propia mente compleja que uno tiene, del vivir la existencia cotidiana, aprender acerca de la relación con el otro, aprender de tal manera que la mente sea siempre flexible, que esté siempre activa.

Para compartir juntos la naturaleza de la meditación uno debe comprender la naturaleza de la disciplina. La disciplina, como la entendemos comúnmente, implica conflicto; amoldarse a un patrón de conducta como un soldado, o ajustarse a un ideal, o someterse a determinada afirmación que contienen los libros sagrados, y así sucesivamente. Cuando hay sometimiento tiene que haber fricción y, por tanto, desgaste de energía. Si nuestra mente y nuestro corazón se hallan en conflicto, nunca puede existir la posibilidad de meditar. Examinaremos eso; no se trata de una mera declaración que ustedes han de aceptar o rechazar, sino de algo que vamos a investigar juntos.