Es hora de hablar…
Juan Rodríguez

Si cuando hace catorce años comencé a estudiar Metafísica, alguien me hubiese predicho que iba a estar escribiendo sobre este tema, no lo hubiera creído ni mucho menos imaginado. ¡Qué tonto soy! Después de veinte años trabajando con seres humanos como Trabajador Social, no se me ocurrió pensar que todo el que se denomina espiritual o, en este caso, “metafísico”, no condujera su vida como la predica.

Hace ya un año que una señora, que consideraba mi mano derecha, me dio la espalda de una manera inesperada e inexplicable, y me quedé callado. Pero las cosas que ha seguido haciendo y diciendo contra los que una vez supuestamente consideró sus amigos y hermanos me hicieron reflexionar sobre el silencio que hice, que pudo haber sido mal interpretado como pasividad. Así que para clarificar el récord de una vez y ayudar a cualquier persona que haya quedado confundida, decidí que es hora de hablar.

Esta señora llegó por primera vez a una clase que daba los sábados en una casa privada, sin tan siquiera saber la definición de la palabra “metafísica”. Recuerdo que todo lo que escuchó le pareció cómico e inverosímil, pero con algo se tuvo que haber conectado, ya que voluntariamente estuvo participando por más de diez años en las actividades semanales del grupo que sostengo en New York.
Sería casi imposible enumerar todo lo que a ella se le facilitó en la Metafísica. Con nosotros fue que por primera vez viajó a Europa, y dentro de los Estados Unidos, visitó lugares sagrados que nunca en su vida imaginó pisar. Cuando participaba en los congresos internacionales, se le daba trato preferencial y era respetada por las personas de otros grupos. Con la donación amorosa se le compró una computadora, un impresor y un escáner para que pudiera trabajar desde la tranquilidad de su hogar. Como era la persona encargada de la venta de libros, se le regalaban y, por supuesto, era la primera persona que los tenía en la mano. Deposité tanta confianza en ella que hasta le di la llave de mi apartamento para que en caso de emergencia pudiera tener acceso a todo el material metafísico que en él conservo. Ella sabía, y creo que todo el mundo a mi alrededor, que a la hora que me necesitara para cualquier asunto de la Metafísica o personal, siempre estaría disponible.

Un día me llamó con una actitud muy extraña y me dijo que veía las cosas muy mal en el grupo y si todo seguía así, el grupo se destruiría. Me dijo con mucha seguridad que si eso sucedía, ella sabía lo que tenía que hacer y lo podía hacer sola. La escuché con detenimiento y no le contesté como quizás ella esperaba, ya que quedé perplejo. Pensé dejarlo pasar, porque no era la primera vez que se quejaba de la gente del grupo, pero una sola pregunta dio vueltas en mi mente durante toda la noche: ¿cómo una persona que estudia Metafísica puede predecir la destrucción de un grupo? Esta fue la pregunta que me hizo pensar que la situación era grave y que esta persona podría tener una agenda escondida. Inmediatamente escribí algunos artículos y hablé públicamente sobre la conversación que tuvimos, pero ella decidió no darse por aludida.

Dos meses después, fui a cenar a su casa con mis padres y le pedí que me dejara usar su computadora para chequear mi correo electrónico. Estando en su oficina, algo hizo que me volteara y viera una pila de libros que no reconocí. Cuando los tomé en mis manos me di cuenta que estaban editados por un señor de Panamá, quien desde hace unos años ha estado atacando abiertamente a la Metafísica. En ese momento comprendí lo que sucedía y confirmé mis sospechas.

Un mes después, la señora abandonó el grupo sin ninguna explicación. Desde la nefasta conversación que tuvimos, estuvo planificando su traición, mientras en el grupo aparentaba que nos quería y todo estaba divino. Una tarde llegué a mi casa y encontré varias cajas en el suelo con todo lo que ella tenía del grupo y un sobre pequeño con la llave de mi apartamento. Me volví a preguntar si esa actitud, después de tantos años de amistad y confianza, era la de un verdadero metafísico. Ella se fue sin poderme mirar a la cara porque no es tan fácil enfrentar la verdad.

A los dos días me envió un correo electrónico dándome las gracias por todo lo que había enseñado por ella. Me asusté muchísimo porque sé que no enseño nada, y si acaso alguien se beneficia de la Enseñanza que facilito con mucho amor, no quiero pensar que utilice esas herramientas para conducirse de la manera que ella lo hizo. También me dejó saber lo mucho que me quería, lo que me asustó mucho más, ya que ninguna persona en su sano juicio desearía que la quisieran de esa manera. Lo más irónico que escribió fue que no me había llamado porque sabía lo ocupado que estaba. ¡Cuánta mentira! ¡Cuánto engaño! Mi única respuesta fue enviarle un correo electrónico lleno de toda la verdad que no se atrevió escuchar.

Sé que utilizó el listado de correos electrónicos y direcciones postales, que habíamos levantado a través de muchos años de esfuerzo, para invitar gente a las actividades del señor de Panamá. Aunque se fue jurando que ya no seguiría a ningún ser humano, ahora sigue y recibe instrucción de este señor. A ciertos estudiantes les envió un correo notificándoles de su partida y poniéndose a su orden para lo que necesitaran. También hizo circular un artículo, que extrajo de la página web del mismo señor, titulado “Los quince puntos del buen pastor”, en abierto ataque al que fue su facilitador. Ni tan siquiera pudo escribir un artículo propio y tuvo que buscar algo ya escrito para defenderse. Ahora este señor dice públicamente que ella se “liberó” de la Metafísica, y exhorta a la gente a que la utilice como un ejemplo a seguir.
Esta señora dice que camina de la mano de los Maestros Ascendidos, tiene Su Enseñanza pura, y no puede contaminarse con la negatividad de ciertos mortales. Pero fue esta misma señora la que años atrás trató de sostener un grupo de Metafísica, que se le desbarató a los seis meses porque, según palabras de ella misma, la gente era muy irresponsable.

Siempre he dicho y lo sostengo que no soy un ejemplo a seguir y que los grupos que atiendo no son los más adelantados ni los más espirituales. Simplemente lo que hago es manifestar los deseos de mi corazón y hablar sobre las verdades que he vivido. Nunca entré a la Metafísica para estar cerca de los Maestros Ascendidos y, de hecho, no me interesa este asunto. No idolatro a nadie, aunque existe un gran amigo y hermano que me ha tendido su mano todas las veces que voluntariamente le he pedido ayuda. Reconozco, sin ningún tipo de vergüenza, que todavía necesito un ser mortal que me facilite herramientas para poder seguir conociéndome y descubriendo la mejor forma de ayudar a la humanidad. Todo el que está a mi lado está totalmente consciente de estas verdades. Nunca he engañado a nadie.

Como nací con el deseo de servir a la humanidad, pasé muchos años de mi vida buscando un camino que me pareciera correcto, el cual encontré en la Metafísica de Conny Méndez. De aquí no me he movido, ya que todavía al escuchar o dar una clase siento la misma alegría que sentí hace catorce años atrás. Me podrán atacar, condenar o traicionar pero nunca podrán borrar la alegría que me produce facilitar la Enseñanza, ni mucho menos destruir el amor que siento al servir a mis congéneres.