
JUICIO
(Extracto del Libro Jesús de Ruben Cedeño)
México D.F. 5 de octubre del 2001.
Jesús nos recomienda: “No juzguéis, para que no seáis juzgados; no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados. Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados”.Generalmente, somos peores o estamos en condiciones más detestables que la persona que juzgamos. Por esto, Jesús nos interroga: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”. Jesús exhorta: “¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”. En la activación de nuestro Cristo, para que realmente actúe, donde debemos detenernos es en: “Sacar primero la viga de nuestro ojo”. Esto sólo se logra quedándonos en silencio y poniéndonos a observar, a ver lo que pensamos y sentimos; observando nuestra rabia, dolor, orgullo, falta de compasión, crítica, y comenzaremos a conocernos. Nuestra misión no es estar viendo pajas en los ojos de los demás. Jesús dice claramente: “No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo”.
Si decimos que alguien es inmoral, orgulloso, vanidoso, prepotente o autosuficiente, nosotros somos peores que todo eso, más inmorales, por el sólo hecho de juzgar. Peor que todo lo criticado es nuestro juicio. Jesús es todavía más tolerante al aclarar: “Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no lo juzgo”. Si el propio Jesús se exime de juzgar, cómo nos atrevemos a estar hablando mal de lo que otro hace; lo más seguro es que nosotros lo estemos haciendo peor. Un Maestro así, como Jesús, que es capaz de no juzgar, incluso a aquél que no hace lo que Él dice, es como debe ser. Ése es un verdadero Maestro. Así es como tenemos que ser: como Jesús. Si Jesús no juzga al que no cumple con sus palabras, tampoco condenemos al que no cumple con la nuestra, no acepta nuestras creencias, ya no está en nuestro grupo o no practica nuestra religión.
Jesús expresó: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”. Si a alguien no le gusta tratar con personas que tengan apariencias de problemas en la personalidad, ese individuo no está en una verdadera activación de su Cristo Interior.
Jesús dice: “Id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”. Esto lo expresa Jesús para que lo pongamos en práctica.
En la parábola de los dos hijos, Jesús afirmó sorprendentemente: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al Reino de los Cielos”. Así que los que se dicen cristianos, se hagan el favor de no juzgar más a las prostitutas. Ya ven que los eunucos y las prostitutas también van al Cielo.
“Porque Dios hace salir su sol sobre malos y buenos, llover sobre justos e injustos”. Así que si Dios hace eso, tú, que eres su hijo, tienes que hacer lo mismo, porque todo hijo es hechura de su padre, y se le asemeja. El sol sale para los ladrones, drogadictos, gays, traidores, desgraciados, brujas, plagiadores, mentirosos, corruptos, gobernadores, vecinos, egoístas, millonarios, indios, negros, chinos, cubanos, judíos, metafísicos, cristianos, musulmanes, teósofos, rosacruces, herméticos, para todo el mundo, así tú también tienes que salir al encuentro amoroso de todos ellos, y hacer como el sol, que da su luz a todas las criaturas sin discriminación.
“Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga”. Uno no debe estar juzgando a la gente porque practica otra religión, pertenece a un grupo espiritual diferente o tiene distintas ideas.
Uno ve reflejado en los demás, lo que uno mismo es. Juzgar es emitir un juicio sobre alguien, una situación o cosa, haciéndole una imagen mental, cliché o etiqueta, que generalmente no es la VERDAD, sino una idea muy personal que nos hacemos del asunto a nuestra conveniencia, muchas veces por envidia, celos, competencia y complejos que tenemos.
La causa de que juzguemos está en que creemos que somos superiores a los demás, que nuestra religión es la única verdadera, que nuestra nacionalidad es más importante que la de otros, que nuestro grupo espiritual tiene la razón, que nuestra clase social es más exquisita. Esto es el recubrimiento de un orgullo que nos está matando, es agresividad y, por consecuencia, falta de Amor. Esta falta de amor termina ocasionándonos enfermedades, problemas y hasta la ruina personal.
El comienzo del camino que conduce al cielo y a la santidad, está en no juzgar ni calificar; veamos lo que veamos, oigamos lo que oigamos, digan lo que digan, no respondamos, no nos apresuremos a defendernos.
Es común encontrar a personas que se dicen espirituales y están condenando los actos de otros que también tratan de realizar lo mismo; no se dan cuenta que niegan su espiritualidad cuando mueven sus dedos para escribir contra alguien o retuercen su lengua para condenar a su hermano que, en otra dirección, está tratando de hacer algo por los demás.
No hay nada que nos caiga peor que ser juzgados, que alguien diga de nosotros algo desagradable; eso nos altera, da rabia, no nos deja dormir, provoca diversas reacciones en palabras y acciones, muchas veces groseras y dañinas. Pero, ¿por qué somos juzgados? Los defectos que vemos en los demás son los que nosotros mismos tenemos. Así que no hay forma más evidente de delatar cómo somos y decirle a los demás nuestras debilidades, que escribiendo o hablando contra alguien, juzgando.
La verdadera caridad cristiana es estar entre los que necesitan ayuda, prestándoles servicio, y las más necesitadas son aquellas personas a las que condenamos.
Estas Enseñanzas están dedicadas especialmente a esas personas que son juzgadas por aquellos que se creen perfectos y no lo son.
El juicio viene al darnos cuenta de algo y juzgar aquello. Debemos cuidarnos mucho en esto, ya que a veces nos creemos superiores a alguien en alguna cosa y con derecho a estarlo corrigiendo, y esto encubre un orgullo fatalista que nos puede hundir en el más profundo abismo de creernos jueces de los demás.
OTRAS RELIGIONES
Uno no debe estar juzgando a la gente porque practica otra religión, pertenece a un grupo espiritual diferente o tiene distintas ideas. Jesús expresa al respecto: “También tengo otras ovejas que no son de este redil”.No sé por qué se empeñan, los que pertenecen a iglesias organizadas, sociedades esotéricas y grupos supuestamente espirituales, en juzgar a los que no comparten su forma de pensar. Es regular escucharlos comentar: “ése está condenado”, “aquél está tomado por las fuerzas siniestras”, “tú eres un pecador”, “Dios te va a castigar”. Resulta que el Evangelio dice: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por Él”. Al hablar de no condenar y de salvación, nos estamos refiriendo al “Perdón”.
Es “anticrística” la actividad de algunas personas que viven criticando debido a sus diferencias religiosas, cuando debería ser todo lo contrario. Las personas religiosas son las primeras llamadas a dar el ejemplo de vivir Crísticamente, sin criticar ni juzgar a los demás. Muchas personas se apoyan y se justifican en la Biblia u otros libros para condenar puntos de vista religiosos distintos a los de ellas; esto es un orgullo espiritual que aniquila todo vestigio de amor, de espiritualidad, y que va en contra del mandato Crístico: “Amaos los unos a los otros”. Esto significa que si condenamos a alguien a la perdición por no tener la misma creencia que nosotros, con ese juicio estamos condenándonos a un infierno peor que el de la persona a la que enjuiciamos.
El Maestro Jesús nos enseña a no estar buscando la pajita en el ojo de nuestro hermano, esto es, pequeñeces en el carácter de los demás, porque lo más seguro es que tengamos una viga en el nuestro o un error peor al que criticamos en nuestro prójimo.