KOLKATA


Rubén Cedeño
Kólkata 21.7.2005


El viaje con el grupo de estudiantes de metafísica era a Pekín, Xian, Tibet, Shigatse y finalizaba en Katmandú. La agencia de viajes para que descansara me obsequio muy cortésmente un viaje con todos los gastos pagados a cualquier destino siempre y cuando fuera cerca de Katmandú. Con la finalidad de tomar fotos digitales para las conferencias sobre la Madre Teresa, Yogánanda, Ramakrishna y concluir el libro de Compasión Infinita, escogí venirme unos días a Kólkata, ciudad que antiguamente se conocía como Calcuta. Un matrimonio de Buenos Aires decidió irse a India también y al saber que venia, me puse de acuerdo con ellos y terminaron sumándose ocho personas mas, asunto que me agrado inmensamente. Di especificaciones a la agencia que deseaba hacer la ruta de Madre Teresa, Yogánanda y Ramakrishna. Al llegar al aeropuerto de Kólkata nos estaba esperando un guía y como la ruta que teníamos era completamente metafísica visitando las residencias de los Maestros quise corroborar con el si sabia donde estaban los lugares y el con mucha naturalidad dijo que si, asunto que me extraño porque los sitios no eran nada comunes, además Kólkata no es una ciudad turística.

Al siguiente día sin ninguna dificultad el guía nos traslado a la casa de Madre Teresa, donde actualmente esta su tumba.

El guía nos contó que cada vez que quería la Madre Teresa lo recibía y nos enseño una reliquia tenia encima una tarjeta de Madre Teresa escrita de puño y letra donde lo bendecía.

Fuimos al Colegio de las Hermanas de Loreto y después con toda naturalidad llamo a la Sister Emilia a otro colegio donde la Madre Tersa fue profesora de geografía e historia para que nos tuviera abierto el salón donde ella daba clases. Nos sentamos en su silla y tomamos fotos a nuestro antojo.

Fuimos a los orfelinatos de la Madre Teresa donde conseguimos acceso fácil, y jugamos a nuestro antojo con los niños, también al hospital de niños. Lo mas difícil de todo fue que nos introdujo dentro del prohibido Templo de Madre Káli manejado por difíciles mafias de sacerdotes, hizo que nos realizaran el ritual de Madre Káli para luego introducirnos en el refugio de los peregrinos de Madre Káli que actualmente es el hospital de enfermos terminales donde la Madre Teresa llevaba a buen transito los moribundos que recogía en Motijeel.

No sabemos cómo, pero fue cierto, el guía nos dijo que era amigo de la familia de Yogánanda y nos llevo a la casa donde el vivía.

El guía también sabia todos los detalles de la casa de Ramakrishna y fuimos con el hasta Dakshinéswara a casi dos horas de Kólkata a donde una vez mas como hace 14 años me había recreado en el solar del templo de su case y el Templo de Madre Kali.

El ultimo día que vimos el guía, que se despidió y se bajo del bus, me interrogue; ¿de donde salio este guía que supo llevarme a toda la flor de mis antojos metafísicos y de exigencias que se no eran fáciles de cumplir? Y el como si toda la vida lo hubiera hecho, me satisfizo a plenitud y con creces, llenándome mas de las expectativas que esperaba. ¿Acaso seria una aparición o puesto por los Maestros para servirnos? Estas cosas mágicas suceden en la India.


CASA DE YOGANANDA EN KOLKATA

Paramahansa, al igual que cualquier otro adolescente espiritual, quiso conocer el mundo espiritual que le rodeaba. Así fue como por la ventana de un tercer piso de su casa en Kólkata se escapó una vez a los Himalayas con la ilusión de conocer santos, ser iniciado y poder domar bestias salvajes con su supuesto poder espiritual. Pero fue detenido por su hermano en una estación del tren.

Actualmente en esa casa vive su sobrino quien amablemente nos la abrió para que la visitáramos. Esta ubicada en medio de un populoso, ruidoso y caluroso barrio como casi todos los de Kólkata. Es una casa de tres pisos que al entrar tiene un patio y en subiendo por una escalera con piso de cemento en el último piso estaba la habitación de Yogánanda, que por cierto es muy curiosa. Se penetra a ella como montándose por una ventana ya que no esta a nivel del piso, sino como a un medio metro de este. Adentro actualmente se encuentra un altar y varios retratos de Maestros de su línea discipular colgados de clavos en la pared.


YUKTESWAR

Paramahansa conoció a su Maestro Sri Yukteswar en Benáres, aunque vivía en Serampore en la calle Rai Ghat, apenas a doce millas de Calcuta de la casa de Yogánanda.

Estaba Paramahansa en Meditación en el ashrama de otro Maestro, cuando meditando en la Madre Divina, le dijo: “Instrúyeme por medio de un Gurú que me envíes” y Paramahansa escucho la voz de la Madre que le dijo: “Tu Maestro vendrá hoy”. Un joven del Ashrama lo sacó precipitadamente de la meditación por un grito que le pegó para que fuera a hacer un mandado y al atravesar una calle, al final de ésta, vio un hombre estático vestido de ocre. Paramahansa siguió su camino, pero se quedó paralizado, sintiendo que aquel hombre lo atraía magnéticamente, fue y se le tiró a los pies, era Sri Yukteswar.

Yukteswar nació en Serampore un 10 de Mayo de 1855 y le pusieron por nombre Priya Nath Kara, hijo de un comerciante, quien le dejo de herencia una mansión que convirtió en su Ashrama. Viniendo en barco por el río Gánges de Kólkata a Serampore lo que primero encontramos fue el Rai Gath a orillas del Gánges donde Sri Yukteswar vio a Babaji. Ascendiendo por una angosta calle calurosa, soleada, atravesada de perros y vacas sagradas se llega al Ashrama de Sri Yukteswar que actualmente esta convertido en templo.

Sri Yukteswar estuvo casado, engendró una hija y cuando enviudó se entregó al camino espiritual y fue cuando recibió el nombre de “Sri Yukteswar Giri”, cuya terminación “Swara” viene de Iswara que es Dios y quiere decir “Unido a Dios”.

Desde la primera vez que vi la foto de Sri Yukteswar, nadie me tuvo que decir cómo era porque lo intuí todo de él. Más adelante, con fuentes bibliográficas, corroboré que mi intuición no había fallado. Era de voz agradable, hablaba ingles, francés, sánscrito; de ojos serenos, grandes y profundos, cabeza leonina de pelo largo y algo crespo, con gesto imponente y severo, barba puntiaguda, cuerpo delgado, de alta estatura, atlético, enérgico, vestía de color azafrán, de caminar firme, de unos cincuenta y cinco años de edad. Conversaba extraordinariamente dominando todos los temas, pero debido a su permanente contacto con el Infinito vivía generalmente en silencio. Su entrenamiento con los estudiantes era drástico, ya que era muy duro con los que venían hacia él a buscar la enseñanza.

Debido a su fuerte carácter, dureza, disciplina, drasticidad y estricticidad, no se hizo muy popular entre la gente superficial, a cualquiera le decía que si no le gustaban sus palabras podía marcharse, lo tomaban o lo dejaban, solo quería de las personas su mejoramiento. No era amigo de pedir favores y trataba de hacérselo todo a pesar que tenía discípulos dispuestos a servirle.
Sri Yukteswar fue discípulo de Lahiri Mahasaya y vivía en Puri, donde está el Templo de Jagannath.

Sri Yukteswar comía poco, le gustaba el arroz coloreado con cúrcuma, que es una de las especies de color rojo de la India.

Sri Yukteswar ayudó espiritualmente a Yogánanda a graduarse en la universidad, que por estar con él la mayoría del tiempo, no estudiaba lo suficiente. Sri Yukteswar le dijo a Yogánanda que le pidiera ayuda a determinado estudiante de la universidad y curiosamente, sobre el tema que éste le daba a Yogánanda a estudiar, eran las preguntas que le salían en el examen.

Después de esto, Sri Yukteswar, un mes de julio de 1914 ordenó a Yogánanda como monje de los Swamis iniciada por el Adi Gurú Shankaracharya en el siglo V antes de Cristo y que se ha perpetuado ininterrumpidamente de maestro a discípulo. Se dice Adi Gurú por ser el primero de una línea discipular. Sri Yukteswar le concedió el privilegio de que escogiera su nombre espiritual y escogió Yogánanda, que quiere decir la bienaventuranza de la unión con Dios.

 

MADRE TERESA

Había contratado un auto con chofer que me trasladara desde el hotel en que residía en Calcuta a Dakshineswar, donde vivió Ramakrishna. Era muy temprano en la mañana, de repente el conductor freno en una amplia avenida y me señaló del lado izquierdo de la calle un callejoncito peatonal donde estaba una casa grande de varios pisos, y me dijo: “Allí vive la Madre Teresa de Calcuta, ¿la quiere visitar?”. Me invadió el mismo sentimiento que tuve minutos antes de conocer a Krishnamurti, fue una gran duda.

Qué iba a hacer con mi facha de occidental totalmente irreverente, prepotente y conquistador, ante la sobrecogedora humildad de la santidad de la Madre Teresa. Esto me daba una vergüenza tan grande que me intimidaba hasta el alma. Qué horror y falta de piedad iba a tener ante la Madre Teresa, al saludarla y no decirle: “aquí vengo a ayudarla con los leprosos y los ciegos, que tanto abundan en Calcuta”.

Con el dolor de mi alma le respondí al conductor: “No me voy a bajar”. La mirada se me quedó clavada en aquella casa de la Madre Teresa, y la evoco en mi mente muchas veces y con toda claridad.

Si me tocara de nuevo esta situación volvería a hacer lo mismo. Todo lo que uno pueda creer, ser y tener, queda anulado ante la inmensa compasión infinita de la Madre Teresa de Calcuta. No quise ver a la Madre porque no era digno de ella. Si alguien me ha hecho sentir la poca cosa que soy y hago, ha sido la Madre Teresa de Calcuta.

Años después he vuelto con los estudiantes a Kólkata a que vean la tumba de la Madre Teresa en aquel mismo callejón. El lugar es sumamente humilde, se penetra al recinto, se cruza a la derecha se atraviesa un patio que tiene una estatua de bronce de la Madre Teresa y en una habitación que da a la calle esta su tumba de cemento blanco con dibujo de flores en la parte superior y al frente en una pared esta el Crucifijo con un letrero a un lado, que dice en ingles: “Tengo Sed”.

Por las ventanas penetra el calor, el ruido, la contaminación de Kólkata y allí silenciosa yace la Madre Teresa en medio del bullicio y la superrepoblación que la santifico.

Inesperadamente me tire a llorar a sus pies de pura conmoción espiritual. Solo ante su tumba y la de San Francisco he llorado tanto en mi vida, y eso que ya era la tercera vez que estaba allí.


MOTEJEEL

Cuando salimos del colegio de las Hermanas de Loreto bordeado el gigantesco muro del recinto que resguarda un inmenso y bello jardín se encuentra la calle que lo conduce a uno a Motijeel. Penetramos para visitar el primer lugar donde Madre Teresa comenzó a enseñar a los niños y recoger enfermos en medio de la basura. Nadie nos asalto, molesto y ni siquiera nos pidieron una limosna. La gente del basural nos sonreía nosotros nos sonreíamos con ellos. Asi llegamos hasta lo que fue el antiguo galpón donde la Madre Teresa tuvo su primer refugio de enfermos.


COMPASION

La Madre Teresa de Calcuta era directora de un colegio con 200 niñas en Calcuta. Fuimos a este Colegio de las Hermanas de Loreto donde la Madre Tersa fue profesora de geografía e historia y penetramos dentro del salón donde ella daba clases. Nos sentamos en su silla y tomamos fotos a nuestro antojo.