LUGAR DEL WESAK
Rubén Cedeño


En Kashmir fuimos a deleitarnos los ojos a los coloridos jardines de Shalimar construidos por un familiar del Maestro Koot Hoomi cuando fue el Sha Jahan. Al concluir la visita, ascendimos una ladera de los Himalayas a ver unas antiguas construcciones dedicadas al Señor Gautama, que nunca habían sido visitadas por turistas, investigadores ni curiosos y que solo los lugareños sabían de el y tal vez fuimos los primeros occidentales en visitarlo.

Después de un largo recorrido en auto, en una casa de campo a orillas de un cristalino riachuelo recogimos a quien nos sirvió de guía. Dejamos los autos perfectamente estacionados en una calle de tierra de una aldea en la falda de la montaña para seguir a pie un largo trayecto ascendente, atravesamos la pintoresca población, de tortuosas y angostas calles solamente peatonales. Hasta ese lugar ya no llegaban los autos. Los habitantes se asomaban a hurtadillas por las rendijas de puertas y ventanas para vernos pasar y algunos, más atrevidos que los otros, abiertamente nos curioseaban, eso que íbamos vestidos a la usanza del lugar. La altura y el vertiginoso ascenso nos ahogaba y hacia que cada cuanto tiempo tuviéramos que sentarnos a descansar. Al pie de unos importantes riscos encontramos un hermoso, acogedor y empinado valle cuya belleza y radiación nos dejo mudos y comenzaron los lugareños a contarnos lo que había sucedido allí.

En ese lugar había sucedido una importante reunión de seguidores del Señor Gautama. En el centro del valle se percibía un inmenso altar de piedra de planta cuadrangular y tres plataformas representando los cinco Dhyani Buddhas y sus Trimurtis, Trikayas, y Trisharanas. Decían que allí se había hecho un ritual, mientras que los asistentes, ubicados desde las laderas de las montañas circundantes, que estaban muy cercanas, observaban lo que allí sucedía.

Un riachuelo, producto de una vertiente que muy cerca de allí surgía, cruzaba el valle y nos dijeron que su agua era sagrada y nos invitaron a beberla, como lo hicieron los que asistieron a esa legendaria reunión. Ascendiendo un poco mas el valle nos encontramos con una hermosa fuente de purificación que habían construido hace siglo para almacenar el agua de la vertiente y poder hacer baños purificatorios.

Todo lo que veíamos, tanto la geografía del lugar como lo que nos contaban los lugareños coincidía perfectamente con las narraciones que se hacen del lugar físico donde se ha realizado el Festival del Wésak. Las cumbres de los Himalayas nos hablaban y embelezaban. Solo mirábamos a lo alto y no porque estuviéramos impresionados al ver los Himalayas, ya que llevábamos un mes atravesando estas cumbres por norte sur, este y oeste.