La Madre Mercedes

Juan Rodríguez

La persona que coordinó las actividades metafísicas de las cuales participé en la República Dominicana, me comentó que el esposo de su secretaria estaba preso, esperando que un juez determinara si existía causa probable para enjuiciarlo por el delito que se le acusaba.

La historia me conmovió inmediatamente, porque trabajé dos años en una cárcel y conozco lo que siente una persona durante ese proceso. También, la secretaria se había portado de maravillas conmigo desde que nos presentaron. Le comenté a la coordinadora que deseaba mucho visitar el muchacho.

Al siguiente día, la secretaria se confesó conmigo, contándome gran parte de lo que había vivido en los últimos meses. Aproveché para dejarle saber mi gran deseo de visitar a su esposo. Pero entre tantas actividades programadas y tan poco tiempo disponible para salirnos de la agenda, la visita quedó en el aire.

La agenda incluía un viaje al Santo Cerro en La Vega, el hogar de la Madre Mercedes. Hacía aproximadamente diez años que no pisaba el lugar, pero cuando me invitaron al país, lo primero que hice fue pedir de favor que arreglaran la visita.

Encontré el lugar hermosísimo. Me conmovió mucho ver a los nativos desfilando amorosa y fervorosamente frente a su Santa de devoción. Me detuve frente al Santo Hoyo, donde Colón enterró la cruz sobre la cual el Padre Infante observó a quien hoy se conoce como la Madre Mercedes. Se cree que la misma fue hecha de un árbol de níspero que todavía se observa cerca de la iglesia.

En un saloncito aparte, se puede ver un pequeño pedacito de la cruz original, metida en una urna de cristal. La monja encargada de la iglesia me explicó, después de ciertos cuestionamientos que le hice, que todo había sido celosamente guardado o enrejado porque la gente no sabía comportarse en los lugares sagrados. La entendí perfectamente, aunque siempre que escucho estas cosas, siento mucha tristeza.

Me detuve frente al altar mayor, para volver apreciar la estatua de la Madre Mercedes más hermosa que he visto en mi vida. ¡Me encanta contemplarla! Vestida impecablemente de blanco, con una cruz de malta en el centro del pecho, y pedazos de cadenas rotas en sus dos manos. Allí hicimos decretos por la disolución de todas las apariencias que vive el país, incluyendo a los presos de sus cárceles que, dicho sea de paso, viven en condiciones infrahumanas. Fue un momento sublime.

La Madre Mercedes es muy querida dentro de los grupos de Metafísica, ya que es la Madre de la Nueva Era. En la era de Acuario, Ella representa lo que la Madre María, Madre de Jesús, representó para la humanidad en la era de Piscis. Como Patrona de los Presos, simboliza la libertad que traerá la Edad Dorada. Ella es la libertadora de todos los presos; de todas las personas que viven prisioneras de sus pensamientos, sentimientos y acciones imperfectas. Simboliza el Amor Compasivo, el Perdón y la Transmutación de toda energía negativa que el ser humano puede generar. Es también la Madre de los Niños de la Séptima Raza.

La Madre Mercedes inspiró la fundación de la Orden de la Merced, con el objetivo de liberar a los hombres de cualquier tipo de opresión. La palabra merced es sinónimo de misericordia y perdón. Los miembros de esta orden se conocen como Mercedarios.

Cuando regresé a la capital, me pregunté seriamente de qué valía haber estado en el Santo Cerro, si no visitaba a un hijo de la Madre Mercedes que en estaba en necesidad. La Madre realmente no necesita nuestra devoción, ni adoración, sino que desea que se visiten los presos y se les lleve herramientas para que puedan liberarse de todo lo que los atormenta. Ser mercedario es realmente ser compasivo, perdonador, y vivir libertando las conciencias aprisionadas, confusas, ambiguas, oprimidas y aturdidas de los que nos rodean.

Después de haber estado tantos años hablando de la Madre Mercedes, hubiese sido una tremenda contradicción el haber decidido no visitar al esposo de la secretaria. Por supuesto, tengo bien claro que decidí hacerlo porque, desde que me lo dijeron, fue lo que sentí profundamente en mi corazón. Otra decisión, no me hubiese hecho sentido.

La visita al centro de detención fue bien corta y restringida. Para llegar allí se necesita estar libre de prejuicios y miedos, con los cuales nos han bombardeado los que viven “libres” en la sociedad. Prejuicios que le hacen mucho daño a los que tratan de aprender grandes lecciones en confinamiento.

Sé que me brindaron otra oportunidad para concientizarme del trabajo que necesita hacerse por todas las almas que se encuentran privadas de la libertad. De nada sirve considerarse devoto de la Madre Mercedes si voluntariamente no se asume la tarea de libertar al género humano. Si ésto no se hace, seremos Mercedarios sólo de palabra.

Esta anécdota es importante para que se revisen profundamente las personas que pregonan su gran espiritualidad, o los que se preguntan constantemente en qué nivel de adelanto se encuentran. Muchas veces los que más se autodenominan espirituales son los que menos frutos producen. El servicio sigue siendo la respuesta más contundente del verdadero desenvolvimiento interior.

Es siempre la práctica de lo aprendido lo que tiene más valor. No se puede vivir de teoría. El sendero de retorno al Padre se camina aprovechando cada oportunidad que la vida nos presenta para servir a los más necesitados. Es a través del servicio sincero, honesto e inegoísta que realmente internalizamos las cualidades divinas que tanto tratamos de facilitarle a los que semanalmente participan de nuestras actividades.

¡Ojalá! que la Madre Mercedes, con su Poder Libertador, nos libere de la creencia que lo sabemos todo y hacemos algo por lo demás. Sólo libres de estas sutiles ataduras, podremos intentar ser verdaderos Mercedarios.