Luz


Martin Anello
Madrid, noviembre 11 de 2006

 

Todo es en esencia Luz, por lo que en cada estructura infinitesimal de creación es ésta la que brilla y genera las pulsaciones de Vida. De ser así las teorías sobre la refracción de la Luz que albergamos en estos tiempos terrenos es radicalmente incorrecta.

Cada partícula de Vida emite Luz, su propia Luz que fue desprendida del Gran Gran Gran Fuego Ígneo de la Divinidad (por dar un nombre a lo innombrable), y en sucesivas transformaciones hemos en nuestro caso llegado a estar hoy aquí sentados observando y recordando. Si cada cuerpo celeste, cada cuerpo angélico, cada cuerpo humano es auto luminoso, nuestros ojos mienten. Nos han enseñado que vemos los objetos porque la luz se refleja en ellos, pero esto es así en nuestra ilusión, dado que los objetos son emisores de Luz por si mismos. Nuestro Sol, emite Luz, y no es que la veamos por refracción de otra Energía Divina, sino porque es en nuestro plano uno de los pocos seres capaces de irradiar esa energía Divina, iluminando todo a su paso para que podamos ver, y si bien al iluminar a la Luna esta brilla, no es por su refracción en sí, sino antes bien por el reconocimiento de esa fuente como parte integrante de su propia conciencia, lo que hace en el interior de cada partícula de energía despertar esa memoria que por alguna razón evolutiva ha desconocido su propia luz.

La obscuridad y la Luz, así como conceptos no se corresponden con la Energía Perfecta y Pura de Dios, porque es en nuestra percepción humana que los hemos creado. La Energía ES y por si misma ser, su Seidad está mas allá de una percepción sensorial o extrasensorial, es continente de si misma sin antes ni después.

Yo Soy

El Sol sale cada mañana así como Dios nos recibe cada mañana con la alegría y el Amor de saber que en ese instante hemos retornado a casa, puesto que jamás la hemos abandonado.

Yo Soy es nuestra única realidad y es nuestra única identidad, no hay mas nada fuera de él, y no hay mas en él. Dicen los maestros que mantener la atención fija en él es la solución para nuestro transitar, ya que generará en nuestra ilusión la armonía necesaria para unificarnos y recordar.

No hay esperanzas, no hay alegrías, no hay felicidad, hasta que no reconozcamos que Yo Soy es la única, primera y última realidad de nuestra conciencia ilimitada. Es como confinarnos solamente a nuestra habitación, ignorando que tenemos toda la tierra para movernos.

No existen palabras para su definición dado que éstas son en sí una limitadísima estructura creada por una ilusión, sencillamente no existen las palabras, como no existe nada a nuestro alrededor como comprobaremos el día que se descubran todos los velos que nos mantienen encarcelados a esta habitación.

Las ventanas están comenzando a entreabrirse y el resplandor que antes considerábamos nos cegaría, ahora nos abraza elevándonos a la recamara superior, desde dónde descubriremos un nuevo paisaje, quizás tal vez el único paisaje que nos negábamos ver.