MILAGRO EN CANÁ
E.D.K. LUK.Juan y Santiago fueron al Mar de Galilea, un viaje de dos horas, para transferir sus negocios a su padre Zebedeo. A la tarde, camino a Caná, Jesús pasó cerca de ellos. Cuando los llamó, dejaron sus botes y las cosas con su padre y fueron con Él. Jesús iba a la boda de un primo. La Madre María y algunos parientes iban con Él. En la casa de Caná, Jesús era observado por los anfitriones con mucho respeto. Aquí encontraron a Isabel, la madre de Juan el Bautista, y fue conmovedora la forma en que saludó a María. Dijo que María era bienaventurada de tener a su Hijo con ella. Ella misma, siendo madre, ya había dejado de serlo. El Hijo que Dios le había dado le había sido quitado de su lado a los doce años y desde entonces había vivido solo en el desierto hasta hacía seis meses, cuando vino para proclamar la llegada del Hijo de María.
Cuando comenzó la fiesta de bodas, enseguida se quedaron sin vino, porque el vino que debía llegar de Damasco no había sido entregado debido a una revuelta que hizo demorar la caravana. Los anfitriones ordenaron que trajeran más, pero María sabía que ya no quedaba. Juan, sentado junto a Jesús, oyó que María le susurraba a Jesús que ya no había más vino. Ella era consciente de los poderes que Él tenía. Jesús estaba serio y se dirigió a Ella en cierto tono de reproche, usando el honorable título Judío “MUJER”. Entonces le preguntó qué tenía que hacer con Su pedido personal de usar Sus Poderes. María quería que Jesús hiciera un milagro para que creyeran en Él. Todavía no había llegado su hora de manifestar milagros, pero haría como Ella lo deseaba. María estaba muy contenta y le agradeció, porque esto probaría que era un verdadero profeta con Poderes Crísticos. Entonces, Ella les hizo señas a los sirvientes y cuando vinieron dos de ellos les dijo que hicieran lo que Él les pidiera. Jesús estaba tranquilo y parecía expresar un poder superior. Juan lo notó mientras lo miraba. Jesús les pidió a los sirvientes que llenaran con agua los seis cántaros que estaban al lado de la puerta. Fueron al aljibe que estaba afuera, a plena vista de los invitados, llenaron sus jarros con agua y cargaron los cántaros. Mientras tanto, el anfitrión encargado del servicio charlaba con los invitados para que olvidaran el vino. Entonces, Jesús les dijo a los sirvientes que sacaran el vino y se lo dieran al anfitrión. Hicieron lo que les pidió y sacaron un rico líquido púrpura en vez del agua que ellos habían puesto, y asombrados se lo dieron al anfitrión. Después de probarlo, el anfitrión se dirigió al novio para decirle que los hombres, generalmente, servían primero su mejor vino y después uno inferior, pero que él había guardado el mejor hasta ahora. Quería saber de dónde lo había conseguido o quien lo había traído. El novio, bebiendo un poco, dijo que no sabía de dónde venía. Después, algunos invitados y los sirvientes dijeron lo que había sucedido, la multitud exclamó sorprendida y el anfitrión dijo que había un profeta entre ellos y no lo sabían. Entonces buscó a Jesús, pero Él ya había salido de la casa; se había ido al jardín para estar en soledad.
Juan siguió a Jesús, se sentó a Sus pies y Éste le comunicó muchas cosas sobre el futuro y sobre Su Persona que demostraban que realmente era el Cristo. Muchas de estas cosas, Juan no las entendió, excepto que a Jesús lo harían sufrir y también lo exaltarían. Juan era consciente de lo tranquilo y humilde que Él era.
Cuando los cántaros fueron llenados con agua, lo que Jesús hizo fue simplemente convertirse en “conductor”, llevando Su atención a Su Presencia de Dios, al “Padre”, como Él lo llamaba, permitiendo que fluyeran los Poderes Divinos a través de la energía de Sus cuerpos superiores, convirtiendo la sustancia “agua” de los cántaros en sustancia “Luz electrónica”, que la gente, inconscientemente, calificó con lo que deseaba: vino.
Como esperaban vino, así lo llamaron. Sin embargo, no era realmente vino, ya que era una sustancia pura, sin elementos intoxicantes, pero hecha para saber a vino, y mejor que el que ellos tenían. En lugar de vino era sustancia genuina. Este era el mismo poder que ejerció Elías manteniendo lleno el frasco de la viuda de Zarefat. Jesús no poseía un cúmulo de cosas materiales, pero con tal poder, de ninguna manera era pobre.
Éste fue el primer milagro público de Jesús. Los presentes Le creyeron y Lo aceptaron como el Cristo. Las noticias se divulgaron alrededor y por fuera del país.
Este así llamado ‘milagro’, hizo público el nombre de Jesús. María sabía que esto traería muchos celos, odio, condenación, crítica y conceptos humanos hacia Él. Entonces, cada momento que tenía libre de tareas domésticas lo utilizaba para orar, realizando aplicaciones para la Resurrección de Jesús cuando llegara el momento de cumplir Su Misión.