MAESTROS
POR: MIGUEL MARTÍNEZLos Maestros que conocemos trabajan únicamente por la evolución y bienestar de la humanidad, somos nosotros los que hemos confundido la verdadera función de Ellos, pretendiendo que nos solventen nuestras deudas con la ley de causa y efecto; obviando que somos nosotros a través del conocimiento y el discernimiento los que vamos a determinar la solución en las diversas situaciones en que se amerite la practica de lo aprendido. Los Maestros trabajan de la forma siguiente: Cuando hay un problema de orden mundial bien sea social, económico, político, ecológico, o a veces de total incertidumbre y dolor para el genero humano, acostumbran a comunicarse con las personas idóneas en el caso, para hacerles llegar a sus mentes lo que realmente deben hacer aunque la persona esté en desconocimiento de Ellos, con la única finalidad de solucionar la adversidad en la humanidad.
No obstante, para el ya conocedor de su existencia con más razón aun Ellos, inspiran las mentes de los facilitadotes para que a través de las enseñanzas impartidas en los diferentes lugares del mundo, las almas logren su libertad al sufrimiento y la adversidad. Sin embargo, tenemos que estar claros, en que la verdadera disolución de la dificultad, solo podrá lograrse con el uso correcto que hagamos de la energía. Es muy fácil pedir aliviar una situación, y seguir actuando erradamente y pretender que los Maestros nos acomoden las cosas. Pero resulta imposible, ya que Ellos en sus recursos para ayudarnos, cuentan con la energía de cada uno, canalizada en bien, para luego procesarla, transformándola en la transmutación de la situación, para que luego pueda hacerse presente lo sobrehumano; la armonización en la circunstancia.
Finalizada la conferencia de <Los Santos> (Evangelio Crístico parte VII de Rubén Cedeño), una señora muy alterada, molesta, se acercó haciéndome saber lo siguiente: “Estoy sola, todos me engañaron, creí en ellos pero me engañaron; mi realidad es que estoy sola completamente. Pasé catorce años escondiendo algo para nada, porque un día se manifestó, igual que si no hubiese creído en ellos.” Al terminar su narración, no comprendía qué le provocaba tanta rabia, tanto dolor. Sin embargo, me senté a hablar con ella, tratando de descubrir el porqué de tanto resentimiento hacia los que ella mencionaba como “ellos”.
Desconsolada, hablaba generalizando a unos culpables, que no identificaba, llegando al punto que me dejé de tonterías y le dije: “No entiendo para nada tu actitud; deberías estar clara en algo. Para poder ayudarte tienes que comenzar diciéndome quiénes son esos “ellos” que nombras. Enfurecidamente respondió: “¡Babaji me engañó! ¡Los Santos me engañaron, los Maestros me engañaron, al igual que otro señor que tuve que ir a buscar a Miami, pagando 3000$ para que igualmente me engañara! Encima de todo eso creí en un maestro físico en la India que supuestamente está muy elevado espiritualmente, pero es mentira. He sido su seguidora para nada.
De igual forma, hice el curso de meditación trascendental que me costó una fortuna, para nada, porque igualmente estoy jodida.” A lo que le dije: “Pero ¿por qué los odias?” Y ella respondió: “Tengo catorce años ocultando un cáncer. Le pedí a ellos que me curaran o me sacaran del plano físico, sin resultado alguno, porque estuve entre la vida y la muerte, postrada en una cama en terapia intensiva, muriéndome y no vi ningunas lucecitas de colores, ni ángeles esperándome en una puerta, ni tampoco vi un cielo, ó sea no vi un ¡carajo! Sólo veía un túnel negro por donde me introducía terriblemente, donde se proyectaban los rostros de algunas personas a quienes detesto enormemente.”
Al oír todo aquello, no podía creer que una persona pudiese almacenar tanto odio para su propia destrucción. Luego de reflexionar en el asunto, me atreví a decirle lo siguiente: “Ellos no tienen la culpa de tu desdicha, y mucho menos de tu enfermedad, ni de tu mal carácter. Eres tú la culpable de todo lo que vives.” La mujer, como era de esperarse, se enervó ferozmente diciéndome: “¿Cómo se te ocurre decirme que soy culpable de todo lo que me pasa? ¿Quiere decir que vine a este lugar a escuchar eso? Pues eso es mentira.”
Al oír sus palabras comprendí que eso era lo que ella necesitaba: que la confrontaran fuertemente y le respondí: “Sí, todo lo que vives es creado por ti misma, porque la apariencia de enfermedad que tienes en tu cuerpo es tuya, no es de otro, al igual que tu rabia y la forma en que llevas la vida también son tuyas. Por eso, tú eres responsable de esas energías, y ahora que no hallas qué hacer con ellas, tratas de establecer un culpable para justificar, o tal vez esconder, tus culpas.
La mujer entró en un llanto desconsolado, diciendo: “¡Necesito ayuda! ¿Me la puedes dar?” Le dije: “Claro que sí. Tú has venido aquí conducida por tu Cristo, para que encuentres solución a esa terrible problemática que has desatado.” Comencé con algo que estaba seguro la iba a ayudar enormemente. Le expliqué: “Vamos a realizar un tratamiento metafísico para que sea tu Cristo el que asuma ya esta situación y te permita aflorar toda esa energía aprisionada que llevas por dentro. Lleva tu mano derecha al centro de tu pecho, y comienza a percibir por ti misma los latidos de tu corazón; siéntelos y respira profundo. Ahora, reconoce una Luz como un sol en miniatura en ese corazón, y conectada con esa vida en ti repite:
AMADA Y SIEMPRE VICTORIOSA PRESENCIA DE DIOS “YO SOY”, AMADO CRISTO INTERNO, TÚ QUE ESTAS EN MÍ, ASUME ESTE MOMENTO. SÉ TÚ EL QUE HABLE A TRAVÉS DE MÍ, PARA LOGRAR ASÍ LIBERARME DE TODO ESTE RESENTIMIENTO, DE TODOS ESOS FANTASMAS QUE YO HE CREADO QUE ME AFECTAN TANTO. HAZ QUE SE REALICE EL BIEN EN MÍ, AHORA MISMO. NO PERMITAS QUE MI PERSONALIDAD ASUMA ESTE MOMENTO. GRACIAS, PADRE, PORQUE ASÍ ES. AMÉN………”
Terminado el tratamiento le pregunté lo siguiente: “¿Cómo has vivido? ¿Has perdonado los agravios? ¿Calificas a los demás? ¿Vives para ver defectos? ¿Bendices el bien en cada día?”La mujer quedo inmóvil en la silla, tratando de digerir o procesar las preguntas; sin embargo, su reacción a lo que le preguntaba, seguía siendo desde una posición de ataque, a lo que le dije: “Baja tu nivel de agresión. No sigas chocando a los demás como un auto sin freno. Asume el volante de ese vehículo, que eres tú misma, frena y cálmate.
Sin duda, esta señora estaba cristalizada de muchas negatividades, pero esas energías no podían más que Dios, por eso, estaba seguro que ella iba a lograr desprenderse de toda esa situación que tanto la afectaba.
La señora respiró profundamente y comenzó aquella sorprendente narración: “Desde que me diagnosticaron el cáncer lo oculte inmediatamente, nadie lo supo; lo único que hice fue encerrarme en mí misma. Me dio rabia, sentí que no me merecía nada de eso. Me dije que no quería saber de ninguna de las personas que me trataban. Los odié. Pensé que lo que ellos harían, sería burlarse de mí cuando lo supieran. Por eso comencé a buscar otro tipo de ayuda. Lo primero que hice fue irme a Miami a verme con un maestro que hacía curaciones, y no me dijo gran cosa, porque yo lo que buscaba era que me curaran inmediatamente. Después realicé meditación, y tampoco funcionó. Luego fui a la India y fue tiempo perdido, los Maestros tampoco me ayudaron y Babaji en quien creí siempre, también me engañó.”Cuando ella terminó su narración, le dije: “Por lo que dices, has buscado ayuda de muchas formas, pero, ¿has concienciado el proceso? ¿Aceptaste, realmente, que tienes cáncer? Y respondió: “No. Tengo mucho miedo, y lo traduzco en arrebatos. Sobre todo cuando veo a mis amigos sanos, me da ira. Siento que es injusto que yo este enferma y ellos no.”
Entonces, le expliqué: “Es que el problema tuyo, es que tienes odio gratuito en contra de los demás, ellos no son culpables de tu enfermedad, y mucho menos de tu cólera.”
Tomé el diccionario metafísico de Rubén Cedeño y busqué la palabra Culpa, y textualmente le leí: “Nadie es culpable de lo que nos sucede, sino nosotros mismos, en virtud de la ley de causa y efecto y mentalismo. Todo lo que nos ocurre es debido a que se nos devuelve lo que le hacemos a los demás y no se puede culpar a nadie. La actitud mental también es determinante en todas las circunstancias de la vida”.
Al terminar de leer, ella quedó en silencio por unos minutos y luego al hacerse consciente nuevamente del momento, dijo: “Ahora entiendo. Es verdad, la culpable soy yo. Nunca pensé que mi maliciosa actitud hacia los demás se podía devolver de esta forma. Si, tengo que aceptar que he dañado a los demás, con mi competencia, el querer ser la más culta, inteligente e informada en mi elite, minimizando a otros por no saber. He perjudicado a mis compañeros de trabajo por seguir siendo la mejor ante los ojos de los demás, también he calumniado, me he burlado del trabajo de mis compañeros, y todo el conocimiento que he adquirido, no lo he querido compartir con nadie por miedo a que me desplacen después.
A mi familia le tengo aversión, y por todas esas cosas vivo sola. Mis relaciones amorosas jamás han durado más de tres meses. Nadie me soporta, todos me excluyen por mi forma de ser.”
Al terminar su narración tan espeluznante, comprendí que ahora era un alma afortunada y le dije: “Gracias a tu Cristo Interno, hoy te has liberado de toda esa repugnante energía que llevabas por dentro, que fue lo que propagó por años, en tu cuerpo, ese cáncer, producto de una serie de temores, e inseguridades, traducidos en repudios hacia los demás.” Y continué: “Los Maestros Ascendidos y los Santos, no tienen la culpa de que hayas elegido vivir de esa forma, como lo has hecho por años. Ellos se manifiestan en nuestros mundos fundamentalmente para que nosotros hagamos obras en beneficio del género humano. Por lo tanto, no se meten en la forma que un individuo escoje para vivir. Si tú le pides con fe para que te inspiren con determinada apariencia, bien sea problema o salud, ten la certeza que te van a dispensar la ayuda a través de un ser especifico en el plano físico, para que te resuelva la situación. Pero, si estás llena de tanta porquería, ¿cómo puede llegar a ti una vibración superior? Nunca podrá llegar, si antes no te limpias de toda la escoria que has acumulado.
Por eso, nada de lo que buscaste para evitar el desenlace de tu enfermedad lo pudo detener, porque si tú buscas ayuda espiritual y sigues en el estado de conciencia anterior, no estás haciendo absolutamente nada.
Las personas piensan que pidiéndole a los Maestros, o visitando la India, el Tibet, etc, o haciendo determinados ejercicios de yoga o meditación, van a solucionar su problema. No dudo que por unos momentos te creas el asunto, y te sientas bien, pero recuerda que todo es mente y como quieres engañarte, la mente te sigue el juego. Pero no es así. Para que las cosas te funcionen, tienes que cambiar la actitud anterior, o la forma en cómo venías enfocando la vida.
No pretenderás que las altas vibraciones te van a funcionar si sigues creyendo que eres la víctima en todo. Reconoce que eres tú la que debe cambiar dejando de odiar, dejando también la mala intención hacia los demás, no rechazando el cariño sincero de los que se te acercan, no manteniéndote enfrascada en lo que te hicieron hace años, aceptando el hecho de que tus hermanos no te quieran, ya que debes reconocer que eso no es obligado y que uno no es monedita de oro para caer bien a los demás.
Solamente céntrate en reconocerte y aceptarte, por supuesto, mejorando tus reacciones, controlando tu ira, tus frustraciones, tu nivel de envidia por los logros de los otros, acéptale los viajes a tus amigos, deja el mal sentir por eso, ya que mientras lo sientas alejas de ti la posibilidad de realizarlos. Para todo proceso de sanación es sumamente importante una vida libre de perturbaciones emocionales, las que han sido desatadas por la persona misma. No sigas arremetiendo contra los otros, no sigas pasándole factura a tus compañeros, no sigas culpando a los Maestros, ni a Babaji. Ellos no tienen la culpa de tu forma de llevar la vida.
Esos maravillosos recursos no te han funcionado tan solo, porque tú has seguido con un patrón de vida viciado. Aún puedes lograr muchas cosas. Comienza a drenar ese mal sentir por tu prójimo, no sigas endosándole tu destino a otros que no tienen nada que ver con tu errada forma de vivir. Los demás no tienen la culpa porque no te moriste hace meses, ni tampoco son culpables porque vives. Y si ya no crees en nada, como dices, y ahora sólo tienes fe en el medicamento que tomas, eso es perfecto porque en él también esta Dios, pero no vuelvas a condenar ni acusar a nadie porque las cosas no salen como lo esperabas.”
Continué contándole acerca de una discípula que asiste a los grupos de Metafísica y anteriormente mantenía una economía bastante opulente. Por la malversación de la energía dinero quedó en la ruina y tuvo que renunciar a toda la vida de lujos y extravagancias que disponía. Sin embargo, inmediatamente buscó culpables y comenzó a decir que la Metafísica no servía para nada, que ella estaba en la ruina y no lograba acomodar su mundo nuevamente. Esta discípula enfrentó situaciones muy fuertes para poder así redimir todas esas energías mal calificadas, teniendo que salir de su apartamento, vender sus muebles, vestidos, joyas, para poder comer, y luego ir a vivir a un ancianato.
Pero, encima de todo esto, piensa que lo que ha confrontado no se lo merece, que es indigno lo que vive. En vez de dar gracias al Padre por toda la ayuda que le han proporcionado los grupos metafísicos, más bien, vive quejándose por todo. Como todo tiene un efecto, ahora está casi ciega. Ceguera, por supuesto, generada por ella, ya que está claro, que como no puede escapar de lo que enfrenta, ni encontrar culpables por lo que vive, no desea verlo y por eso, muy soterradamente en su conciencia, se niega a ver su realidad.
Para ejemplarizar, le conté que en una oportunidad, rumbo a “Alternativas de la Nueva” con Rubén Cedeño en la camioneta, veníamos comentando del evento que acaba de finalizar en el Hotel Caracas Hiltón, que había resultado todo un éxito gracias al Padre, y le sugerí que realizáramos otro evento en ese año en curso, a lo que respondió: “Mira, Miguel, los Siete Principios existen y uno de ellos es la Ley de Ritmo, si ya el evento nos quedó bien, debemos espera hasta el próximo año para realizar otro.Recuerda que se ha gastado mucho dinero, y si montamos otro evento de esa magnitud gastaremos más dinero, y no es conveniente, porque cuando la Ley de Ritmo se devuelva es conveniente que mantengamos una economía discreta, mientras si gastamos otro montón de dinero activaremos esa ley y ella de retorno nos afectará. Ten cuidado con eso. La ley va y viene y con la misma fuerza que nos apoyó, nos puede lesionar. Uno no debe excederse en la vida, hay que dosificar la energía, así que esperemos hasta el año que viene”.
Para concluir con toda la conversación, le dije a la señora, quien nunca me dio su nombre, que la vida se la hace buena o mala uno mismo; que todo, absolutamente todo en el universo, está regido por Leyes que el Padre ha puesto a nuestra disposición, para Él no involucrase en nuestras cosas; que hay un libre albedrío para cada quien y que de acuerdo a la interpretación de ese albedrío, así será la vida que escojamos para nosotros. Y le reafirmé que los Maestros Espirituales no tienen la culpa por la forma en que nosotros descifremos sus enseñanzas. Somos responsables de la manera de desarrollar ese conocimiento y su práctica. Ellos nos hacen llegar la instrucción para que la llevemos a la vida cotidiana y aprendamos a mantenernos en ella.
“Por eso”, le dije, “aprovecha esta oportunidad de reflexionar en ti misma, y si te tienes que morir, no tengas rabia por ello y mucho menos temor de enfrentar la muerte, porque lo más importante es que estés despojada de esa perniciosa energía, que lo que te ha hecho, es llevarte a amarrarte en ti misma, conduciéndote a no reconocer tus sentimientos y emociones mal canalizadas en un delirio de culpabilidad en otros, siendo tú la única responsable hasta de tus falsas ayudas, porque toda ayuda que nos sea canalizada por el Ser Interior no es de la Presencia de Dios. Por lo tanto, asume en el tiempo que tengas que permanecer en la encarnación para tu aprendizaje, que Ellos no son culpables……….”