MAITREYA
Maestro JesúsTuve la oportunidad de llamar adelante a mis doce discípulos y a los demás seres benditos que habrían de asistirme en un día futuro. Juntos nos arrodillamos todos ante el Rey de Reyes; y Él puso Su pulgar sobre nuestras frentes, su mano sobre nuestras cabezas. Nos bendijo, y el Señor Maitreya ungió a cada uno con el óleo espiritual del Cristo Cósmico. Luego, cada uno fuimos designados a ingresar a un templo en particular, hasta que los Señores de la Encarnación pudieran preparar para nosotros vehículos apropiados sincronizados con las estrellas, de manera que todos pudieran alcanzar su mayoría de edad en el momento propicio. Los Amados José y María encarnaron mucho antes que Yo, al igual que algunos de los discípulos, que Isabel, Juan Bautista y todos aquéllos que habrían de preparar Mi venida. A medida que cada uno partía, nos reuníamos con ese fuerte sentimiento del corazón y oración, de que pudiéramos recordar cuando las bandas de olvido y el tirón de la vida terrenal hubieran opacado nuestra misión, nuestro voto, nuestra promesa.
Finalmente, los Amados Morya y Koot Hoomi, como dos de los Reyes Magos, y aquellos que estaban comprometidos con el estudio de las estrellas, supieron que la hora de Mi concepción y encarnación estaba próxima. Nunca olvidaré Mi partida, ni al Señor Maitreya, el amor y la bondad en esa grande y bella presencia, al tiempo que me abrazaba y exhalaba una oración del corazón que sentí a través de la conciencia de mi propio ser porque Él sabía cuánto dependía de Mi fidelidad a mi voto, y cuánto dependía de Mi capacidad para retener la visión de Mi servicio a lo largo de esos primeros años, cuando Yo no habría de ser especialmente favorecido entre los hijos de los hombres. Mi oración se unió a la Suya.
Muchos, pero muchos, de los que solicitaron al Gran Director Divino, no recibieron ni siquiera una sola expresión verbal a lo largo de toda la encarnación, al considerar ese gran Ser, que ni la luz ni la conciencia de dichos seres, merecía la inversión de Sus energías y la correspondiente responsabilidad que entraría al mundo de los estudiantes si no pudieran hacer de esa Verdad un hecho. Estos aspirantes se sentaron dentro del aura del Maestro durante toda una encarnación, contentos con tan sólo tocar el borde de Su aura. Se contentaban con sentir sus propias débiles energías espirituales elevarse sobre la constante marea de adoración y devoción a Dios, del Maestro. Esperaban que, quizás, dentro de su propia aura, algún día o momento, pudiera encenderse una chispa magnética que atrajera siquiera un parpadeo de interés de Sus ojos, un asentamiento de Su cabeza, o la bendición de Su mano, y haciendo la genuflexión a tierra cuando tal reconocimiento se les daba, sin siquiera una palabra audible.
En cuanto a Mí, me uní a esos peregrinos sin ningún tipo de anuncio. Me senté con los demás en el círculo sin nombre y el Maestro, en profunda meditación y contemplación, no dio indicación alguna de que estaba consciente de Mi presencia allí. No fui proclamado como el Mesías, ni singularizado para ningún tipo de favores. Yo habría de elevarme o caer como cualquier hombre o mujer, sobre Mi propia luz... ¡y no lo hubiera querido de ninguna otra manera! Cuando la humanidad y los estudiantes que se esfuerzan por "conseguir un lugar o cargo" lleguen a comprender esto, sus corazones conocerán la Paz.
¡En el momento que el alumno está presto, aparece el Maestro! En el momento que el alumno está listo para más conocimiento, el conocimiento se le da. En el momento que la conciencia está madura, el fruto es cosechado. En el momento en que la Tierra es cosechada, se planta la nueva semilla. Nosotros, que ahora parecemos tan prolíficos en la siembra de Nuestras semillas, lo hacemos así, porque mucho tiempo después de haber completado el ciclo mundial de ustedes, y que es en el Ámbito Libre en Dios, habrá hombres y mujeres que basarán sus vidas sobre esta ley. Habiendo sido uno que asumió tan fervorosamente esa única frase, "YO SOY la Resurrección y la Vida", y estando muy agradecido porque se me haya conferido el privilegio y el honor de recibir de labios del Gurú algún conocimiento trabajable para hacerlo mío, les digo a ustedes que son tan bendecidos al recibir esta Instrucción, que serían sensatos en reverenciar el regalo y el consejo que se les ha dado.
Cuarenta y ocho horas después de haber recibido la afirmación "YO SOY la Resurrección y la Vida" como ustedes saben, se me reveló la plenitud de Mi misión, y logré el propósito de Mi visita. Nunca estaré lo suficientemente agradecido por ese bendito Ser que me dio la clave. Recuerden, sin embargo, que yo preparé la tierra para ser sembrada, y después de que se me dio, Mi vida tuvo que nutrir y desarrollar la planta y la cosecha. Cuando partí no hubo ninguna despedida. El círculo de esperanzados peregrinos ni siquiera se enteró de que uno de ellos ya no estaba allí. El Maestro ni siquiera abrió los ojos ni hizo gesto alguno. Toda la distancia de vuelta a través de las calientes arenas de India, a través de los páramos y colinas, me regocijé una y otra vez en la riqueza que había recibido del Ser, en sólo esa frase "YO SOY la Resurrección y la Vida". Sobre ella construí un ministerio que se yergue hoy, como un ejemplo manifiesto de que no es necesariamente la cantidad de conocimiento, sino la aplicación del conocimiento dado lo que produce resultados, ¡constituyendo éstos una prueba de Maestría y Liberación para la humanidad!
¡No tomen estas palabras y esta instrucción a la ligera! Llévenla a casa, a sus conciencias y al interior de sus corazones. Entretejan en formas manifiestas a su alrededor un aura tal que su Gurú, al verlos, pueda decir: "este estudiante está listo para que se le confíe más Verdad, mayores poderes, una comprensión más profunda de la Ley."