
MOMENTOS DE FELICIDAD
Córdoba, Argentina, 1.12. 2006Gustavo Orchansky
Sucedió que, unos días antes de Acción de Gracias, caminando por calle 25 de Mayo me detuve frente a la Basílica de la Merced y observé la bella estatua que está encima de la construcción. Ahí se puede ver a la Madre Mercedes con sus brazos abiertos recibiendo a todo el mundo que transite por la peatonal. Me detuve un instante levanté la cabeza y suavemente le pedí a La Madre la merced del tiempo y el momento para ayudar más a la gente de mi ciudad y continué mi camino.
Marce llegó con una bolsa llena de alimentos kilogramos de te, café, azúcar, leche en polvo, de todo había en esas bolsas y al ver tal cantidad de provisión delicadamente pregunté: ¿y de dónde viene todo esto? “Me llegó de regalo.” ¿Y qué vas a hacer con todo eso? y me respondió alegremente: “Lo voy a regalar.” Así quedó la conversación.
La casa comenzó a llenarse de cantidades de bolsas de alimentos que ya no se podía caminar. Y me dije a mí mismo “estamos en período de Navidad, estamos en épocas de Dar” y ¿Qué nos impide dar? Les comenté al grupo y todos se pusieron felicísimos.
En la noche del último día de noviembre un grupo de personas caminaba hacia el centro de la ciudad cargando inmensas bolsas, uno tenía sobre sus hombros el cobertor de un auto cargado de alimentos, frazadas, almohadas, ropa, cosméticos y cientos de libros metafísicos, los demás del grupo haciendo hercúleos esfuerzos empujaban otras grandes bolsas por las calles. Llegamos al punto de encuentro y a la hora señalada nos ofrecimos al Maestro Jesús, a la Madre Mercedes y a los Ángeles en este servicio que estábamos por comenzar.
Caminamos hacia la Basílica de la Merced y todo estaba oscuro ya, no había luces alrededor, solo murmullos. De repente nos topamos con decenas de personas que nos miraban con curiosidad, vestían harapos, comían de una bandejita plástica un especie de sopa y arroz, rodearon al grupo y sin ningún temor de nuestra parte comenzamos a sacar los regalos de las bolsas y a dar, y a dar, y a dar, y ya habían pasado mas de quince minutos y no nos habíamos dado cuenta que estábamos a oscuras y en medio de un basural, pisando porquerías y nuestras caras solo reflejaban felicidad, todos nos miraban con ojos desorbitados, se probaban la ropa, comían las golosinas, hojeaban los libros; las caritas y la alegría de estas personas me devolvió la imagen del Motijill en Kalkata, India. Se había generado un tumulto de gente y nos decían felices: ¿te queda otro pantalón talle más grande? Otra gritaba: ¿Tenés un collarcito para mí? Mientras tanto se escuchaba las voces del grupo que bendecían el Cristo, hablaban cariñosamente, les daban aliento y les expresaban deseos de felicidad.
Personalmente había visto en las bolsas muchos títulos metafísicos que habíamos dispuesto para regalar pero en ese momento, frente a la Basílica de la Merced, hubo una precipitación increíble: cada vez que se metía mano en la bolsa solo salían libros de Saint Germain y decretos de La Llama Violeta. Una jovencita se me acercó y me dijo que puedo leer contra el alcohol y las drogas manotee la bolsa y saqué otro libro de decretos de Llama Violeta y le dije leélo todos los días en voz alta. Detrás de mí otra jovencita se acercó y me extendiendo su mano con una medallita y me dijo: Esto es para vos. Me acerqué a la luz y vi la Medalla de la Virgen del Rosario de San Nicolás.
Al final de este encuentro feliz solo el silencio de nuestros mundos internos penetró al grupo, nadie hablaba, todos quedamos ensimismados, agradecimos a los Maestros y como si nada hubiera pasado cada quien tomó su rumbo retornando a su vida.