NICODEMO
E.D.K.LUK.

Nicodemo, un amigo del Tío de Adina que siempre iba de visita, justo se encontraba en la casa y escuchaba atentamente. Era un Fariseo rico y dignatario de las leyes Judías y era muy difícil que él creyera todo lo que escuchaba de Jesús. Él no lo había visto y no estaba gustoso de hacerlo públicamente por miedo a perder popularidad o prestigio. Le preguntó a Juan porqué Jesús, que podía hacer tantas curaciones, necesitaba descansar, como diciéndole: si eres médico cúrate a ti mismo.

Juan le dijo que del modo que él lo veía los poderes de Jesús sobre la enfermedad eran para beneficio de otros y no de Sí mismo, que Él usaba Sus poderes para probar Su Mesianismo, el Cristo en acción, curando a otros, y que lo hacía por Amor y Compasión. Cuando lo veían, veían un hombre igual a ellos. Aunque estos Poderes Divinos estaban en Él, como cualquier otra persona, Jesús tenía sed y hambre y estaba sujeto a flaquezas similares. Una vez, cuando un discípulo le preguntó sobre esto, Jesús dijo que los poderes Divinos conferidos a Él, no eran para escapar de estas cosas, sino para el bien de la humanidad, que Él estaba obligado a sufrir esto porque de esa forma podría atraer a todos los hombres hacia Él. Teniendo un cuerpo físico, su funcionamiento requería de alimento y descanso igual que nuestros cuerpos. Sin embargo, Él era mucho más disciplinado y tenía más dominio sobre su cuerpo, pudiendo inducirlo a mayor resistencia cuando lo necesitaba. Considerando la Ley, nosotros, bajo circunstancias normales, deberíamos darle al cuerpo la cantidad apropiada de descanso. Sin embargo, quien conoce la Ley y está dotado de grandes poderes, en caso de emergencias o grandes actividades en servicio a la Luz, puede extraer o recibir la asistencia de la Luz requerida. Esto es dado por la Presencia YO SOY o por algún Ser Divino.

Se dijo que Jesús lloraba, llevando Sus manos a la cara, al ver las miserias de la gente que le traían. De hecho no lloraba, sólo cubría Sus ojos con Sus manos para tapar la visión, llevando Su atención completamente a Dios, a la Presencia “YO SOY”, para ver y visualizar perfección en esa persona y después poner en acción los poderes de la Luz, lo que producía la curación y perfección.

Nicodemo, Juan y el Tío discutieron acerca de si Jesús era, con seguridad, un profeta, pero la pregunta que quedaría pendiente era si realmente era el Mesías, ya que Juan proclamaba que Jesús daría prueba de ello cuando viniera a Jerusalén.

Justo en ese momento, entró un hombre joven y apuesto que abrazó a María y después se dirigió al padre de María y lo llamó “Padre”, y él le respondió: “Hijo”. Era Benjamín, el hermano de María. Había sido un lunático por siete años y había permanecido fuera de la ciudad, entre las tumbas, junto a otros que eran como él. La familia había tratado de olvidarlo. Justo esa misma mañana él había sido curado por Jesús en Betania. Entonces Juan le dijo a Nicodemo, quien había conocido al joven desde la niñez y durante su aflicción, si todavía dudaba que Jesús fuera el Cristo. Nicodemo, sin responder, pero evidentemente creyendo, le preguntó al joven cómo sucedió.

Nicodemo expresó su deseo de tener una entrevista con Jesús. Cuando el Tío dijo que esperaban tenerlo como invitado, Nicodemo pidió permiso para encontrarse con Él en secreto.