
Sebastian Wernicke
ASCENCION
La vida es como una gran montaña que estamos subiendo paso a paso, día a día, y en cuya cima se encuentra el logro final que todo ser humano alcanzará algún día: la victoria de la Ascensión. Esto que han logrado ya muchos seres, ha sido mejor ejemplificado por el Maestro Jesús, la Madre María, San Francisco de Assisi, Santa Teresa de Ávila, Lord Gautama Buddha y tantos otros servidores de la humanidad.La Ascensión no es una experiencia mística o religiosa, sino un proceso científico y absolutamente comprobable de elevación en la frecuencia vibracional de todo nuestro ser, es decir, no solamente de nuestro cuerpo físico, sino también de nuestros sentimientos, pensamientos y acciones. Esta elevación se produce al calificar la energía positivamente a través de pensamientos altruistas y bondadosos, sentimientos de amor y unidad, acciones de servicio a la humanidad en cualquier lugar en el que nos encontremos actualmente, sin necesidad de renunciar al mundo, sino todo lo contrario, sirviendo al mundo al ser parte de él en nuestros trabajos, familias y en la sociedad en que vivimos.
Todos nosotros estamos recibiendo constantemente una inmensa cantidad de energía desde nuestra Presencia Yo Soy, que es la que hace latir nuestro corazón y nos da la oportunidad, mediante el libre albedrío, de servir a la vida en nuestras mejores capacidades. Toda esa energía que desciende es en este momento mayor en proporción a aquella que asciende a través del proceso que acabamos de explicar. La energía que es calificada mediante pensamientos imperfectos, limitados, egoístas, o sentimientos de odio, amargura, rencor, miedo, así como también a través de acciones destructivas hacia la vida en cualquiera de sus formas, es energía que sale hacia fuera en nuestro mundo y que mediante la Ley del Círculo, Karma o Causa y Efecto, se regresará y será redimida a través de experiencias dolorosas que nos enseñarán a hacer buen uso de esa energía. Esto es, que esta energía, en vez de regresar hacia arriba de donde vino con toda su pureza y perfección, y llevarnos a nosotros hacia arriba en un impulso de ascenso a la conciencia Divina, se ha quedado aquí abajo y de alguna manera nos ata a la tierra, convirtiéndose en nuestras cadenas que nos hacen volver una y otra vez a la encarnación para continuar este largo y tedioso camino de ascenso que nosotros mismo nos hemos auto-impuesto.
A partir del momento en que el 51% de la energía que desciende es calificada constructivamente, retomamos el camino de ascenso y la nuestra victoria está asegurada. Según afirman los Maestros Ascendidos, actualmente la persona promedio califica un 3% de la energía positivamente, un 25% destructivamente y un 72% de esa energía se pierde en procesos ineficientes e inútiles de pensamientos, sentimientos y acciones improductivas, muchas veces provocados por nuestras propias energías que se nos regresan en experiencias infelices para ser redimidas, y en vez de asumir humildemente la liberación de nuestras deudas, esas experiencias nos llevan a lanzar hacia fuera de nuestro mundo más pensamientos, sentimientos y acciones calificadas destructivamente, que se nos volverán a regresar en una rueda que no tiene fin. La única salida a esa rueda del sufrimiento y las reencarnaciones es a través de la invocación y uso constante del Fuego Sagrado, la Llama Violeta Consumidora.
Ante cualquier situación de limitación, depresión, carencia o enfermedad, invoca la Llama Blanca de la Ascensión. Ella te elevará de la limitación a la perfección, de la depresión a la armonía, de la carencia a la opulencia y de la enfermedad a la salud. Afirma y visualiza: “En el nombre de la Amada Presencia Yo Soy, invoco a la Llama Blanca de la Ascensión, para que me envuelva en un Mágico Tubo de Luz Blanca que me haga invisible e invencible a toda imperfección, elevando y ascendiendo mi vida, mi mundo y todo mi ser a su estado de perfección original. Gracias Padre porque así es”.