El Momento Sagrado de cada día


Para expresar libertad perfecta y dominio sobre todas las limitaciones humanas, tenemos que reconocer y aceptar la Presencia de Dios durante todo el día. ¿Cómo hacer para concentrarse y prestar atención en todo lo que hay que hacer en el día y a la vez estar concientes de la Presencia Yo Soy y del Cristo que late en nuestros corazones?

Hay momentos en la vida en que todo está tranquilo y tenemos la posibilidad de estar en contacto con la belleza de la naturaleza, con el silencio y la quietud. Quizás sean unas vacaciones o un tiempo de descanso. En esos momentos especiales tenemos mucho tiempo disponible para reconocer y aceptar la Presencia Yo Soy y sentir la radiación de su Luz y de todos sus dones. Pero esto normalmente no dura mucho tiempo. Llega el momento en que comenzamos a trabajar, o nos mudamos a un lugar más ruidoso, lejos del contacto con la naturaleza, o el silencio de nuestro hogar se acaba por diferentes circunstancias. Y cuando esto sucede, a veces el sentimiento de conexión con la Presencia Yo Soy se esfuma. Uno trata de quedarse conectado, pero quizás solo se logra a nivel mental, pero ya no se siente. Y si uno intenta establecer esa conexión mientras realiza sus actividades de trabajo, entonces pierde la atención y comienza a cometer errores.

Esto nos puede llevar a pensar que para tener una conexión óptima con la Presencia Yo Soy hay que hacer lo mismo que los monjes y las monjas y renunciar al mundo para recluirse en un lugar de oración. Pero ésta no es la única forma de hacerlo, y en la mayoría de los casos, no es lo que nos toca hacer en esta vida. Incluso, quienes se recluyen en estos lugares para encontrar a Dios, solo encuentran más de lo que sucede en el mundo exterior en la convivencia con los hermanos y hermanas del monasterio. No hay que afligirse ni darse por vencido.

Las clases semanales de metafísica tienen el propósito de propiciar un lugar y un tiempo para establecer esa conexión con la Presencia Yo Soy, y nos puede ayudar mucho en este sentido. Pero la clase semanal no es suficiente. Durante su Ministerio, Jesús necesitaba cada día apartarse a orar. Para eso se iba al monte de los olivos con sus discípulos. Pero aparte de enseñarles, también se tomaba su tiempo solo, para retomar ese contacto con la Presencia Yo Soy, fuente de toda vida y energía, que en ningún momento del día nos abandona ni se puede desconectar de nosotros, pero sí se desconecta nuestra consciencia al poner la atención sobre las cosas del mundo.

El monje de la Nueva Era es como nosotros. Vive en el mundo, ocupado en los quehaceres normales de cualquier persona, pero manteniendo su consciencia anclada en Dios. Ese es nuestro aprendizaje. De a poco iremos expandiendo esa consciencia hasta que logremos hacer las cosas del mundo sin perder ni por un instante el sentimiento de conexión con nuestra Fuente Divina.

La forma de ir avanzando en este sentido es tomarse todos los días un tiempo para meditar, orar, decretar, visualizar o lo que uno quiera. Y también hace falta cada tanto tiempo retirarse a un lugar de tranquilidad, como una montaña, un lago o el mar. Eso recarga nuestras baterías y renueva nuestro contacto con la Presencia Yo Soy.

Todos los días, aunque sea por solo media hora al día, y preferentemente a la mañana, antes de comenzar las actividades diarias, tómate un tiempo para estar tranquilo, sin distracciones ni interrupciones, y meditar en la realidad de esa Presencia Divina que late en tu corazón. El resto del día, cuando estés trabajando, no tienes que "pensar" en la Presencia Yo Soy, simplemente tienes que "estar" en paz, armonía y equilibrio, y sobre todo, en un estado alerta de observación plena. Esa va a ser tu conexión con la Presencia Yo Soy en las horas de actividad.


Sebastian Wernicke