Los bienes de Dios y su voluntad

Por: David Valentin Torres

 


Las Palmas de Gran Canaria, 3/04/06


Todavía hay quienes aducen que la Voluntad de Dios debe ser un castigo que debemos aceptar con resignación. Pero este pensamiento es puramente cristiano y de una mentalidad algo retrograda o desfasada de la Era actual. Hemos creído durante muchos siglos que los designios de Dios para los hombres son irrefutablemente penosos y no exentos de un gran sufrimiento. Esta forma de pensar hoy en día es en toda regla arcaica y contraria al nuevo pensamiento espiritual.

Tenemos que tener en cuenta que la Voluntad de Dios no es la voluntad humana porque esta última, en gran parte de los casos, es una voluntad llena de prejuicios, apegos, intereses y otros aspectos afines a la mente y sentimientos inferiores de la personalidad del hombre. Nuestra voluntad no es la Voluntad de Dios porque la voluntad del hombre son sus deseos proyectados con los matices propios del egoísmo de satisfacerse a sí mismo. Eso no es voluntad, es voluntariedad y deseo humano.

La Voluntad de Dios, para el hombre, para todos nosotros, es el bien de todas las cosas. Dios es la Vida en nosotros y esa vida pulsa siempre hacia el bien.

¿Por qué sufrimos entonces cuando la Voluntad de Dios se manifiesta en nuestras vidas? Esto es una contradicción, no es la Voluntad Divina, de Dios, la que nos hace sufrir, sino son nuestros puntos de vista personales, nuestros apegos e ilusiones las que nos hace sufrir en nuestra vida. Dios tiene todo lo mejor para cada uno de sus seres creados, tiene el bien, la felicidad, la paz, el amor y todas la bendiciones conocidas e insospechadas. Pero cuando el hombre se ata desmesuradamente a una idea, a un sentimiento, persona o cosa egoístamente, siempre acaba en un mar de sufrimiento muchas veces renegando de la Vida e incluso de Dios mismo. Dios es el Bien y su Voluntad es la maravillosa expresión para todos los seres del universo.

¿Por qué sufrimos? Nuestra personalidad, nuestro egoísmo y apego es lo que nos hace sufrir y obstaculiza la Voluntad de Dios al arraigarnos y persistir en el deseo de cumplir lo que queremos y no lo que debemos o merecemos que siempre es el Bien para el progreso y evolución. Muchas veces la voluntad humana está en oposición a la Voluntad Divina la cual realmente nos hace ser felices y nos conduce a una expansión de conciencia que trasciende todas las limitaciones personales hasta liberarnos interiormente.

Cuando pedimos o invocamos la Voluntad de Dios con pureza de pensamiento y sentimiento, esta se manifiesta en la vida como una bendición que está por encima de todo deseo personal. A veces esa Voluntad es tan poderosa, que rompe con cristalizaciones o pensamientos obtusos, pero si el deseo se vuelve Amor, la Voluntad Divina la viviremos con real felicidad y regocijo.

Para pedir a Dios que se haga su Voluntad, tenemos que aceptarla felizmente como una bendición para nuestra vida y sin darle cabida al pensamiento de que deba ser de esta, esa manera o así como creamos que nos gustaría que fuera.

Deja tu mente limpia, serena tus sentimientos e invoca a cada instante que la Voluntad Divina se manifieste en ti en cada momento, a todas horas y en cada situación para, de esta manera, vivir con Dios y adquirir la conciencia crística que te corresponde por naturaleza.

Dios nos ama a todos por igual, pero el pensamiento casi lapidado de algunas personas les hace creer que Dios nos les puede amar por todas las calamidades que experimentan a lo largo de sus vidas. ¡Esto no es así! Dios es Amor para todos y en todo. Es sólo la voluntad mundana y personal la que nos ciega a que este aspecto interno podamos concienciarlo y vivirlo como la más pura verdad que nos realiza y hace felices.

Recuerda que Dios es todo lo bueno y maravilloso para ti. Si la tomas como un castigo, sufrirás hasta que sueltes tus deseos personales. Si la aceptas como una bendición y con amor, entonces tendrás un gozo Divino de Dios en tu vida para siempre. Pide, invoca y decreta todo aquello bajo la Voluntad Divina y se te dará milagrosamente si así te corresponde.

 

 

 

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