Sobre escritos Metafisicos

David Valentin Torres

Las Palmas de Gran Canaria, 31/03/06

Encontrándome hace algunos años en un grupo, silenciosamente se criticaba sobre ciertos escritos de mi autoría que en varias ocasiones editaba en un humilde formato de libro que yo mismo producía y laboraba.

En aquel entonces yo sentía que el instructor que corregía mis textos previamente y antes de hacer su publicación, lo hacía, más que de favor, como por compromiso y como si lo que estuviese corrigiendo fuese un mero producto de mi capricho, deseo de destacar o sobresalir de alguna manera.

Esta cuestión me impactó en varios aspectos. Primeramente porque él también se dedicaba a escribir y en alguna ocasión incluso llegó a expresar su desagrado e incomodidad al no haber sido apoyado ni vanagloriado por R.C. quien en aquel entonces fuera su Facilitador. Esta cuestión la pude entender en dos sentidos: el primero porque una persona que escribe sobre metafísica jamás debe jactarse de ser exclusivo ni vanagloriarse o tratar de sobresalir y, de segundo, porque ese instructor (J.C.G.) que a regañadientes corregía mis escritos, copiaba muchos de sus libros del que fuera su Facilitador (R.C.). Yo mismo pude comprobar en alguna ocasión como tomaba notas de los libros de R.C. mientras escribía entremezclándolos con sus viajes metafísicos y luego los firmaba como suyos.

Esto me parece una tremenda falta de respeto y ética, porque bien es sabido que una cosa es copiar y otra muy diferente es tomar ideas de libros, instructores o facilitadotes o de lo que sea, que te pueden inspirar a escribir lo que sientes sobre eso que se quiere transmitir a los demás.

En ese mismo grupo en el que estaba entonces, una condiscípula me hizo un comentario que casi me abrumó cuando le pedí su opinión sobre otro escrito que había realizado, me dijo en síntesis que ¡cuál era mi afán por escribir tanto! Obviamente su opinión me desmotivó en parte, porque mi único afán u objetivo en escribir, siempre ha sido, es y será por aportar mis ideas a quien considere oportuno tomarlas como una enseñanza.
Yo no me considero escritor, ni mucho menos un erudito en la materia. Solamente escribo porque lo siento, porque considero que es una manera que encuentro útil y fluida en mí para expresarme y porque ante todo lo trato de hacer con amor y con el afán, el único afán, de manifestar mis ideas que creo son buenas y no deberían perjudicar a nadie.

Ante la objeción que puso la condiscípula a la que le pedí su opinión, quede más tranquilo y despreocupado cuando una persona conocida me llamó por teléfono para decirme textualmente lo siguiente: ¿Sabes David? Hoy he leído un librito tuyo y la verdad es que me gusta como escribes, porque lo haces con sentimiento y plasmas mucho corazón en lo que escribes. Sin embargo, J.C.G., no me llena, me parece muy superficial en sus escritos y algo frío. Esta persona no sabía nada de mi cierta desmotivación por lo sucedido con la condiscípula ni por lo que sentía cuando J.C.G. corregía mis escritos. Esa llamada y palabras de ese conocido solamente me hicieron sentir bien, me motivaron y me llenaron de cierta alegría porque realmente mi afán, mi verdadero afán quedaba patente y demostrado:

YO NO ESCRIBO PARA SOBRESALIR, NI PARA CREERME UN ESCRITOR METAFÍSICO. TAMPOCO LO HAGO POR DESTACAR MI NOMBRE EN LA CARÁTULA DE ALGÚN LIBRO, REVISTA O PÁGINA WEB. YO SOLAMENTE ESCRIBO PORQUE NACE DE MI CORAZÓN TRANSMITIR CON LAS PALABRAS Y PORQUE QUIERO APORTAR ALGO DE LO QUE SIENTO A LOS DEMÁS.

La gran mayoría de mis escritos actualmente no se publican, eso no me importa ni me hace sentir frustrado porque quizás, y aunque parezca una utopía o un alarde de orgullo, mis palabras (mis ideas y sentimientos) sean leídas por los ángeles, seres de la naturaleza o protectores invisibles. Quién sabe por quien, pero el porqué es muy claro, simplemente porque lo siento y es con amor de verdad que lo hago y seguiré haciendo. A mí no me satisface ser reconocido o que mi firma o nombre destaque en algún medio de difusión, solamente me reconforta hacer lo que hago porque es una manera de expresar mi mundo interno de amor a los demás.