Presencia Viva

Desde que tuve conocimiento del Espíritu de la Navidad, solía deleitarme haciendo la tan anhelada carta de peticiones a tan Excelso Ángel Solar, encomendándole variadas tareas. Entre ellas, la más fuerte era que la Grachy, mi madre, pudiera estar conmigo muchos años más acompañándome. Sin embargo, precisamente en un mes de diciembre, la Grachy tuvo que entregar su corriente de vida, y sentí que Él se había olvidado de mí al permitir que ella desencarnara. Hasta llegué a pensar que el Espíritu de la Navidad me había olvidado, y diciéndome que no entendía por qué no me había concedido ese deseo, comencé a sentir un desgano inmenso hacia el Espíritu de la Navidad, porque inconcientemente estaba herido con Él. Me sentía herido.

Sin embargo, estas energías existen y buscan la forma de hacernos comprender las cosas.

En un evento metafísico, en Caracas, dedicado al Ángel de la Navidad, por causalidad, la persona designada para hablar acerca del Espíritu de la Navidad, no llegó a la hora pautada para su participación. Fue entonces, cuando Rubén me miró fijo a los ojos como si descubriera algo en mí y me dijo: “Miguel Martínez, asume tú el tema”.

De pronto, experimenté una sensación extraña que me hizo sentir vergüenza por haber evadido ese momento, y ese día precisamente ante aquel público caraqueño exigente, donde estaban presente personas que realmente dominan la Enseñanza, me dije: “Yo no puedo seguir enojado con el Espíritu de la Navidad, porque la Grachy se murió. Ese era un proceso normal que también le tocaba enfrentar como lo hizo al nacer, al aprender a caminar, a hablar, a masticar, y son procesos que cada uno debe enfrentar, y nadie lo puede alterar, porque así, como la naturaleza no acepta saltos, la encarnación tampoco; y eso, nadie lo puede detener”.

Y guiado por el mismo Ángel de la Navidad, comencé a hablar, e inmediatamente sentí, que ya las palabras que pronunciaba eran enviadas a mi conciencia por algo superior a mí. En una explicación que Rubén dio del Maestro El Morya en Darjeeling, en la India, cerca de los Himalayas, nos comunicó; que así como El Morya establecía una conexión desde su mente a la mente del discípulo cuando se estaba dando la enseñanza, los Maestros al ser invocados a la hora de la actividad grupal, establecen una conexión directa con el discípulo, que es lo que se llama clase asistida, y es la radiación que acostumbramos a experimentar en las actividades metafísicas, cuando se establece la armónica adecuación y preparación del lugar.

En esos momentos en que daba la clase sentía vergüenza de mí mismo por no haber comprendido las cosas desde un principio, y sin poder detener mis lágrimas, me congracié nuevamente con mi Amado Espíritu de la Navidad y decidí ya más nunca dudar de su inmenso amor; porque es uno el que se aleja de su Presencia, ya que cada vez que nos enojamos porque las cosas no se presentan como lo esperábamos, nos hacemos ausente de la Presencia de Dios, que es toda la comprensión, tolerancia, y aceptación que debemos tener en cada situación que la vida nos presente; aunque nos parezca injusto.

Por lo general, los propios instructores, cuando pasamos por momentos dolorosos como la perdida de una pareja a la cual amamos con locura, la separación física de un ser querido por tener que irse del país por determinada circunstancia, o en el más fuerte de los casos la separación de un ser querido por el trance llamado muerte, sentimos que el mundo se nos viene encima creyendo que todo ha acabado para nosotros. No obstante, nos hacemos insensibles y nos llenamos de resentimiento, y comenzamos a buscar culpables que no existen, sino en nuestra mente.

Al nosotros comenzar a imputar a los demás, desatamos energías muy fuertes que tendrán como finalidad, desarmonizarnos aun mas. Sin dudas, la Presencia de Dios “Yo Soy” es lo único a lo que nos tenemos que aferrar o en el mejor de los casos haberla concienciando como una Presencia, presente, no ausente, porque Ella, es innata en cada uno, por supuesto, inherente a nosotros. Pero para poder hablar de esta Mágica Presencia, hemos tenido que haberla hecho presente en cada pasaje de nuestras vidas, así como cuando comemos, hablamos en público, cuando se está postrado en una cama depurando energías discordantes con una apariencia de enfermedad, igualmente cuando caminamos, bailamos, leemos y también al querer a alguien y por supuesto, cuando hacemos el amor, y también, cuando por determinada situación se tiene que ser recluido en una cárcel. Claro está, que en esos momentos, La Presencia también te asume, y se manifiesta descargando en el lugar la protección que necesitas en ese momento.

Al profundizar este asunto de la Presencia de Dios, encontré que las veces que he tenido que enfrentar sufrimientos, es porque le he dado poder a otras cosas que no tienen nada que ver con la Presencia de Dios, y por supuesto, esto genera efectos que también hay que enfrentar con valentía y redimirlos. Nadie es culpable por nuestros sufrimientos o, porque sencillamente nuestros sueños no se nos hayan realizado.

Estoy seguro, que lo que no se ha manifestado visiblemente en tu mundo, es porque no está en ley para ti, ó sea, te va a traer sufrimientos. No insistas, déjalo pasar, no te aferres a eso, no seas terco insistiendo, porque de tanto hacerlo se va a manifestar, y luego se va a insertar en tu vida de tal forma que no lo vas a poder erradicar, ya que lo pediste con tanta fuerza y terquedad que así, se va a afianzar en ti.

Por ese amor mal entendido a veces, mantenía viva a una sobrina a quien eduque desde niña, quien presentaba un cuadro clínico en etapa terminal, y con puros tratamientos, servicios, y decretos, lograba mejorarla. Pero sucedía que por un lado la mejoraba de una cosa y por otro lado le brotaba otra enfermedad.

Un día, Rubén viendo mi afán por tenerla viva, me dijo: “Miguel, tú quieres mucho a esa niña, ¿verdad?” Y le contesté: “Con el alma.” Entonces él respondió: “¡Perdóname!, pero no lo parece, ya que eres tú, quien esta aferrado a que ella viva. Nunca vayas contra las Leyes Divinas. Ya esa niña no va hacer más nada en el plano físico. Obsérvala como está ya. Suéltala, porque cada vez que le haces un tratamiento la mejoras, pero como ya se tiene que morir le revierte por otro lado, y lo que estás haciendo es trayéndole mucho más sufrimiento a esa pobre alma. Si de verdad la amas, déjala en paz, que parta feliz y tranquila sin más sufrimientos”.

La clave está en entrar en esos procesos con uno mismo para lograr comprender el asunto, reconociendo que hay situaciones que tenemos que enfrentar porque son ley de vida. Una vez que comprendes las cosas y reconoces y aceptas, esa Gloriosa Presencia de Dios en ti como la suprema Fuente de Poder que emana de ti; entiendes que por más que una situación aparentemente quiera aniquilarte, si tienes fe en ti, o sea, en esa Presencia actuando en primera persona a través de ti mismo, por fuerte que sea lo que estés enfrentando, nada podrá derrotarte y mucho menos hacer que esa situación perdure en tu entorno.

Hazte uno con la Presencia, manifiéstala, déjala que ella te guíe, recurre a ella, y si en el peor de los casos, por determinada situación has inhibido esa poderosa Luz a través de tus malestares externos, decepciones, iras, falsedades, frustraciones, recurre a la Presencia del otro, que igualmente te ayudará en ese trance.

Por eso no finjas cariño, no seas hipócrita contigo mismo, porque a veces, por convencionalismo haces cosas que realmente no sientes, y eso también impide la manifestación de la Presencia en ti y en la otra persona, porque Ella es diáfana, y reconoce inmediatamente la oscuridad en tu alma, y como tal, no permite que sigas haciendo daño a escondidas, y hace que se descubra toda la falsedad que haz armado, creyendo que nadie se ha dado cuenta. Recuerda que a las espaldas de los demás, jamás podrás trabajar con Dios, ya que El es como un Sol radiante, brillante frontal, que no se oculta para dar su Luz.

Mientras, que los que trabajan a las espaldas de los demás, lo hacen como las fuerzas de la oscuridad, y eso si, que no tiene nada que ver con Dios.

A raíz de todas estas reflexiones, asumí que la Presencia debe ser en cada uno, un asunto vivo, lleno de acción, para que se pueda expresar. No la apreses inmovilizándola; dale riendas en tu mundo, déjala que sea Ella la que asuma desde tus alegrías, hasta la pena más desgarradora que puedas enfrentar. Dale tu confianza que Ella será siempre tu mejor aliada, y si por estar en una dimensión tan densa, necesitas ver para creer, comienza a buscar dicha Presencia, repitiéndote a diario:

“YO SOY” LA MÁGICA PRESENCIA DE DIOS EN ACCIÓN QUE SE MANIFIESTA YA EN MÍ, HABLANDO, ESCUCHANDO, RESPIRANDO, OBSERVANDO, CAMINANDO, COMPRENDIENDO, RESOLVIENDO Y ACEPTANDO QUE “YO SOY” ESA PRESENCIA VIVA ACTIVADA EN MI MUNDO, ACOMPAÑANDOME A CADA ISNTANTE, Y ASUMIENDO MIS SITUACIONES AHORA MISMO. GRACIAS, AMADA Y SIEMPRE MÁGICA PRESENCIA DE DIOS EN MÍ. AMÉN. AMÉN. AMÉN.

 

Por: Miguel Martínez